12 de septiembre de 2016

Efemérides historizadas (XVI): 12 de septiembre de 1213 - batalla de Muret

Un 12 de septiembre de 1213 tuvo lugar la batalla de Muret, cerca de Toulouse (Tolosa), en la que las tropas francesas y “cruzadas” al mando de Simon de Montfort derrotaron a las del rey aragonés Pedro II el Católico, que murió en combate, y a las de los condes occitanos Raimundo (o Ramon) VI de Tolosa, Bernardo IV de Cominges y Raimundo (o Ramon) Roger de Foix. El resultado fue la paulatina destrucción de la autonomía occitana, al mismo tiempo que la muerte del rey aragonés y conde barcelonés quebraba los lazos que había entre Cataluña y Occitania desde dos siglos atrás. Todo empezó con los cátaros, herejía para la Iglesia católica, como los bogomilos en los Balcanes o los valdenses en Lyon, movimientos religiosos surgidos del catolicismo a lo largo del siglo XII y que lograron un cierto éxito. El catarismo, cuyo análisis doctrina, liturgias y divergencias respecto el catolicismo ortodoxo sería largo de desarrollar, logró asentarse en el Languedoc y la Occitania, consiguiendo el apoyo de varias familias nobiliarias y condales, como la casa de Tolosa.

La extensión de los cátaros fue vista como un enorme problema para la Iglesia católica, que ya a mediados del siglo XII comenzó una campaña de represión, seguida de concilios (Tours, 1163, y Letrán, 1179) que no consiguieron reducir su presencia: el apoyo de los condes y vizcondes occitanos, que defendían también la integridad de sus territorios, suponía un enorme lastre. Las alianzas de las casas condales locales lograron una mayor fuerza con el apoyo de los reyes de Aragón y condes de Barcelona: Alfonso II el Casto y, sobre todo, Pedro II el Católico. Inocencio III, papa desde 1198, se propuso acabar como fuera con el catarismo, y para ello apeló a legaciones más contundentes, como la de Pedro de Castelnau, cuyo asesinato en 1208 en extrañas circunstancias, indujo al papa a convocar la Cruzada contra el conde de Tolosa, cuyas tierras podrían ser conquistadas, apelando al rey francés, Felipe II Augusto, que por entonces se hizo el remolón. Que Pedro II de Aragón fuera a Roma para ser coronado solemnemente (y recibir el apelativo de “el Católico”) no significó que éste se pasara al bando de la Iglesia y en contra de sus vasallos y aliados occitanos: el papa no se fiaba del rey aragonés. La Cruzada albigense (por la ciudad de Albi, considerada una de las cunas del catarismo) logró que nobles y soldados de la Borgoña, Inglaterra y el norte de Francia acudieran para someter las ciudades y los condados occitanos. Simon de Montfort, noble francés que ya había participado en la Cuarta Cruzada (la de la toma de Constantinopla) se puso al frente como vasallo y representante del rey francés. 

La batalla en el Llibre des Feyts de Jaime I.
La Cruzada albigense fue feroz: ciudades asediadas, tomadas y destruidas, matanzas indiscriminadas (“Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos”, se dice que pronunció el legado papal Arnaud Amalric durante la toma de Béziers, en julio de 1209, aunque probablemente ello forme parte de la leyenda negra contra los cruzados), saqueos y robos en las ciudades de los nobles occitanos que defendían a los cátaros. La situación pasó de cruzada religiosa a conquista territorial de los condados occitanos, ante lo cual el rey aragonés Pedro II, que veía peligrar la situación de estabilidad de la zona con la construcción de un contrapoder al servicio del rey francés, decidió intervenir en apoyo de los condes de Tolosa (vasallo suyo), Foix y Carcasonne, entre otros, tras los intentos de llegar a un acuerdo con los cruzados. Tolosa cayó en manos de los cruzados; Pedro II, que había participado en la victoria cristiana en las Navas de Tolosa un año antes, cruza los Pirineos en agosto de 1213 y se une a los condes de Tolosa, Foix y Cominges en Muret, bajo control cruzado, y que comenzaron a asediar. El mismo papa que lo llamara “el Católico” ahora lo excomulgaba. Por su parte, Montfort acudió con sus huestes a Muret. Aunque con menos tropas, el líder cruzado decidió utilizar la caballería y atacar por sorpresa a los sitiadores, que no pudieron replegarse. En el combate, Pedro de Aragón combatió en primera línea (¿obnubilado por la idea de que estaba en un torneo?) y fue abatido y muerto; se dijo que Montfort persiguió la muerte del rey aragonés, confiando así en descabezar al ejército enemigo. La noticia de su muerte corrió entre las tropas aragonesas, que lucharon por recuperar el cadáver del rey, mientras las tropas occitanas no pudieron defenderse de los jinetes franceses. Aunque las crónicas relatan diversas versiones de la batalla, lo esencial es que la muerte del rey aragonés desarmó a sus hombres y los occitanos se vieron desbordados y fueron diezmados por los cruzados. 
Plan de la batalla.
La consecuencia inmediata de la derrota en Muret fue que Simon de Montfort se hizo con el control de la Occitania, siendo nombrado conde de Tolosa (con un Raimundo VI desposeído y en fuga) y vizconde de Béziers y Carcasonne. Los derrotados condes de Foix y Cominges regresaron a sus tierras, confiando en que una rendición y una negociación con Montfort y el rey francés les permitieran quedarse con sus tierras y títulos: Bernado de Cominges acudiría a Roma a pedir perdón, pero el conde de Foix vio confiscadas sus tierras. Durante unos pocos años Simon de Montfort fue el hombre fuerte de la zona, pero desde 1216 se produjo la contraofensiva del conde tolosano en el exilio, de la mano de su hijo y sucesor Raimundo VII, que recuperó sus territorios e incluso logró la muerte de Montfort en el asedio de Tolosa en 1218. Las guerras en Occitania durarían hasta el acuerdo entre el conde de Tolosa y los representantes del rey francés Luis IX, durante la regencia de Blanca de Castilla, en 1229. Con el matrimonio de Juana de Tolosa, hija de Raimundo VII, con Alfonso de Poitiers, hermano del rey francés, Tolosa y, en general, Occitania pasó a manos de la casa real francesa, aunque este matrimonio no tuviera descendencia. La lucha contra el catarismo continuaría durante el siglo XIII, con una campaña inquisitorial constante: el asedio de Monsegur, en 1244, acabaría con la quema de más de doscientos cátaros en un acto de fe. Poco a poco, el catarismo perdió presencia y se ocultó hasta desaparecer de la memoria de la región occitana en las décadas siguientes.

Para la Corona de Aragón, la consecuencia de la muerte de Pedro II en Muret supuso el inicio de un período convulso durante la minoría de su sucesor, el pequeño Jaime I, futuro Conquistador, convertido en una pieza de intercambio entre nobles, que trataban de asentar su poder. Simon de Montfort se hizo cargo de su tutela hasta que lo “devolvió” en 1214. La consecuencia a media plazo para los reyes aragoneses fue que se abandonó la política de acuerdos y expansión de su influencia en Occitania, Languedoc y Provenza. La tradicional política matrimonial con Provenza terminó; este condado pasaría a estar bajo influencia de la casa real francesa, con el matrimonio de la heredera provenzana con otro hermano de Luis IX, Carlos de Anjou, que más tarde iniciaría su aventura siciliana y napolitana, contra Manfredo, hijo ilegítimo del emperador Federico II Hohestaufen, y con el tiempo a las Vísperas Sicilianas… pero esta es otra historia. El Tratado de Corbeil de 1259 pondría paz entre Francia y la Corona de Aragón (en varios frentes y querellas). Para entonces, Muret, tras las campañas de Jaime I en Mallorca y Valencia, sería un recuerdo ominoso demasiado lejano. 

Lectura recomendada: Muret 1213, la batalla decisiva de la cruzada contra los cátaros, de Martín Alvira (Ariel), un completo sobre la batalla y sus antecedentes, y que es parte sustancial de la tesis doctoral de Alvira sobre las batallas de las Navas de Tolosa y Muret, y el estudio de la batalla como idea y memoria de un hecho militar. 

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