14 de diciembre de 2018

Crítica de cine: Suspiria, de Luca Guadagnino

Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.

Quizá no haya en este 2018 una película tan chocante como Suspiria (Luca Guadagnino, 2018). Lo que fue madre! de Darren Arofnosky en 2017 lo está siendo, a su manera, en este año al que le quedan días para terminar. De entrada, hay que reconocerle a Guadagnino –el mismo que abrió el año con Call me by Your Name– audacia en no limitarse a realizar un remake de la película homónima de Dario Argento de 1977, no ha tratado de impactarnos como espectadores con una historia de terror sino que nos obliga a reflexionar sobre lo que hemos contemplado durante sus dos horas y media. Contemplado y con necesidad de asimilar y tratar de darle un sentido, que lo tiene, desde luego. Quizá por ello, y aunque el resultado global no sea tan redondo como pudo haber sido, Suspiria sí tiene los suficientes elementos como para que no la reduzcamos a una, hasta cierto punto, boutade (como la película de Arofnosky sí podía llegar a ser calificada) y a que le sigamos dando vueltas días (o en mi caso semanas) después de haberla visto. Nos congratulamos por ello: pocas películas, muy pocas, en estos tiempos de desidia creativa en la mayor parte de lo que llega a una sala de cine (y en no pocas ocasiones enmascarada bajo fuegos de artificio), tienen la capacidad de agitar con un discurso que se muestra poderosamente con la forma y sin que ambos pierdan fuerza. 

Canciones para el nuevo día (2625/1844): "The Good, the Bad and the Ugly"

The Danish National Symphony Orchestra - The Good, the Bad and the Ugly

Disco: The Morricone Duel (2018) 


6 de diciembre de 2018

Crítica de cine: Bernini, el artista que inventó el Barroco, de Francesco Invernizzi

Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.

Nota: este documental llega a las salas de cine como evento cinematográfico. Exhibidores como Yelmo, Grup Balañà y los Cines Verdi en Barcelona, lo emitirán los días 10 y/o 11 de diciembre, vinculado a una programación cultural especial; consúltese también en FilmAffinity para saber en qué otros cines se emitirá. 

Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), si nos ponemos puristas, quizá no fue el artista que «inventó» el Barroco –ya se sabe que los títulos muchas veces se ponen de determinada manera para atraer la atención del respetable–, pues esa etiqueta, si hubiera que ponerla a alguien, habría que dársela a Caravaggio, por ejemplo (ya comentamos aquí el documental sobre la vida y obra del genio milanés). De todos modos, la obra de Bernini, que además de la escultura también desempeñó la arquitectura (el diseño de la Plaza de San Pedro, delante de la basílica del Vaticano, es suyo) y la pintura, es de aquellas que, por sí sola, engloba todo un movimiento artístico y le da pleno sentido. Fue uno de los artistas más apreciados y valorados por la Santa Sede –hasta nueve papas requirieron sus servicios, destacando Urbano VIII, Alejandro VII y Clemente IX– y se puso al servicio (a su manera, todo hay que decirlo) del programa iconográfico de la Contrarreforma católica en el Seiscientos. Tuvo su, digamos, «disputa» artística (y personal) con otra gran figura del Barroco, Francesco Borromini, en una rivalidad que pronto devino en odio mutuo: suele contarse la anécdota de que dos de las esculturas de Bernini en la Fontana dei Quattro Fiume, en la Piazza Navona, «parecen» horrorizarse ante la iglesia de Sant’Agnese, diseñada por Borromini y que está situada delante… es falsa, pues la iglesia se construyó posteriormente; sea como fuere, ambos no podían verse.

Canciones para el nuevo día (2619/1838): "Sheep Go to Heaven"

Cake - Sheep Go to Heaven 

Disco: Prolonging the Magic (1998)


29 de noviembre de 2018

Crítica de cine: Jaulas, de Nicolás Pacheco

Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.

Hay ocasiones en que los primeros minutos de una película te hacen pensar, cómodamente instalado en la butaca de una sala de cine, que vas a pasar un «buen» rato; y no tanto porque lo que ves sea divertido, entretenido o desborde calidad en cada fotograma, que también pudiera ser, sino porque lo que se muestra te interesa, te sorprende e, incluso en algunas secuencias, te fascina. Obviamente, una película no se queda estática en esos diez o quince minutos iniciales, la trama sigue, «evoluciona», se abre a otros escenarios y vericuetos, y es al final, cuando te quedas con la imagen completa, con la conclusión sobre lo que durante algo más de hora y media has estado viendo. Es entonces cuando tienes las «sensaciones encontradas» y un cierto regusto amargo en la boca. Porque si fuera sólo por esos minutos iniciales, tu valoración sería muy diferente a la que tienes una vez terminado el filme. Pero es al final cuando te preguntas qué pasó, cómo la historia pudo empezar tan bien y cómo luego se «perdió» con algunas tramas metidas con calzador y acabó llegando a un final demasiado acelerado y, lo peor de todo, previsible. Esto es lo que le sucede a Jaulas, opera primera del director y guionista sevillano Nicolás Pacheco, presentada en Sección Oficial de la reciente 63ª edición de la Semana Internacional de Cine (Seminci) de Valladolid. Pacheco comentó entonces que su película es «una fábula contemporánea que refleja a las mujeres como referentes de su propia liberación, en este caso no la propia, sino la que busca una madre para su hija y eso es algo que estamos viviendo hoy en día en España: un cambio emocionante y prometedor del papel de la mujer» (Fuente de la cita: el diario.es). Con este planteamiento de su creador, la película promete; lástima que su desarrollo no esté tan a la altura del comentario del director. Pero vayamos por partes.

Canciones para el nuevo día (2614/1833): "Walkabout"

Red Hot Chilli Peppers - Walkabout 

Disco: One Hot Minute (1995)


19 de noviembre de 2018

Reseña de Yo, Julia, de Santiago Posteguillo

Nota: puesto que es una reseña extensa, quizá el lector prefiera disponer de ella en un documento en PDF: clique aquí.
«(…) Adso también me sirvió para resolver otra cuestión. Hubiese podido situar la historia en un Medioevo en el que todos supieran de qué se hablaba. Si en una historia contemporánea un personaje dice que el Vaticano no aprobaría su divorcio, no es necesario explicar qué es el Vaticano y por qué no aprueba el divorcio. En una novela histórica, en cambio, hay que proceder de otro modo, porque también se narra para que los contemporáneos comprendamos mejor lo que sucedió, y en qué sentido lo que sucedió también nos atañe a nosotros. 
El peligro que entonces se plantea es el del salgarismo. Los personajes de Salgari huyen a la selva perseguidos por los enemigos y tropiezan con una raíz de baobab, y de pronto el narrador suspende la acción para darnos una lección de botánica sobre el baobab. Ahora eso se ha transformado en un topos, entrañable como los vicios de las personas que hemos amado; pero no debería hacerse (…)».  
Umberto Eco, “Apostillas a El nombre de la rosa”, en El nombre de la rosa, DeBolsillo, 2017, p. 755. 
Desde hace un tiempo, la novela histórica o, mejor dicho (no seamos presuntuosos), parte de la novela histórica tiene lo que considero un problema: el salgarismo. No es un problema grave, si uno es consciente de ello. La cuestión, sin embargo, no se circunscribe a lo que hace casi cuarenta años definiera con acierto Umberto Eco; el problema subyace en que, con la excusa del salgarismo, no se tenga claro qué se está realizando cuando se escribe una novela histórica. Un binomio con dos partes esenciales: novela, la parte literaria esencial, e histórica, el ámbito que trata. Con un equilibrio entre las dos partes una novela de este género funciona; el lector puede tirar de su memoria (o de su bagaje como lector) y mencionar grandes títulos (y grandes autores). Funciona porque, sin dejar de respetar el componente histórico, es una novela que literariamente está muy bien escrita; es de ese tipo de novelas que resisten una o varias relecturas pues, independientemente de que uno conozca la trama, esta se ha perfilado de tal manera que el disfrute puede ser incluso mayor que con su primera lectura.

Canciones para el nuevo día (2606/1825): "The Greatest"

Cat Power - The Greatest 

Disco: The Greatest (2006) 



17 de noviembre de 2018

Crítica de cine: Hitler versus Picasso (y otros artistas modernos), de Claudio Poli

Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.

Nota: este documental llega a las salas de cine como evento cinematográfico. Exhibidores como Yelmo, Grup Balañà y los Cines Verdi en Barcelona, lo emitirán los días 19 y/o 20 de noviembre, en algún caso (los Cines Verdi) vinculado a una programación cultural especial; consúltese sus webs o en FilmAffinity para saber en qué cines se emitirá.

En 2014 se estrenó la película The Monuments Men, dirigida por George Clooney y basada en el libro homónimo de Robert M. Edsel –The Monuments Men: Allied Heroes, Nazi Thieves and the Greatest Treasure Hunt in History (2009, publicado en nuestros lares por Destino en 2012)–, y que recreaba algunos episodios relacionados con el Programa de Monumentos, Bellas Artes y Archivos (MMFA, por sus siglas en ingles). Creado por los Aliados en 1943, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, reunió a personal civil especializado (historiadores del arte, curadores de museos) que trabajaron codo con codo con los militares para proteger y salvaguardar monumentos, obras y tesoros artísticos en la Europa ocupada por los nazis. Parte de esa labor era encontrar y rescatar obras de arte robadas por la Alemania nazi a instituciones y a propietarios particulares, en muchos casos judíos. La película de Clooney resultó mucho menos interesante que el tema que trataba: quien quisiera profundizar podía ir directamente al libro de Edsel. Un tema que iba mucho más allá del libro, desde luego, y que tocaba la cuestión del expolio artístico que los nazis, antes de la propia guerra, realizaron. 

16 de noviembre de 2018

Reseña de El ingenio de los peces, de Jonathan Balcombe

Nota: reseña a partir de la lectura del original en inglés, What a Fish Knows: The Inner Lives of Our Underwater Cousins (Scientific American / Farrar, Straus and Giroux, 2016)

Disculpe el lector de esta reseña si comienzo con una “historia” personal. Cuando debía de tener unos 10 años de edad, mi padre, que veía que solía leer por costumbre, me regaló un par de libros que compró de oferta en los antiguos grandes almacenes Simago de Barcelona. Aún no conocía mis intereses (¿qué puede interesar en libros a un chaval de 10 años?, se preguntaría), así que debió de apostar por lo que vio en las cubiertas: uno de los dos libros era sobre peces y animales marinos, una especie de enciclopedia para todos los públicos sobre el mundo submarino; el otro volumen, un libro sobre los viajes del comandante Cousteau. Nunca he sido un lector aficionado a temas de naturaleza y fauna, y el segundo libro lo hojeé, observando sus imágenes, pero no le hice mucho más caso: ya entonces los documentales de Jacques Cousteau, con los que nos criamos los que crecimos en las décadas de 1970 y 1980, me aburrían soberanamente (de hecho, nunca he disfrutado viendo a animales en un zoo, ni siquiera cuando era pequeño). Pero por aquellas fechas, y eso sí lo recuerdo vivamente, había leído algunas novelas de Jules Verne en versión abreviada para niños; en particular, Veinte mil leguas de viaje submarino, por lo que el primer libro de los que me regalara mi padre sí lo devoré con toda la pasión que puede ponerle un chaval de esa edad. Como decía, no soy un lector ni interesado especialmente ni mucho menos avezado en temas de naturaleza, pero la lectura de este libro de Jonathan Balcombe, al margen de recordarme aquellos momentos de infancia, sí me ha resultado especialmente interesante y, para alguien con una formación “en letras”, muy instructivo y a un nivel en el que podía seguir lo que desarrolla el autor sin percibir ninguna carencia intelectual. 

Canciones para el nuevo día (2605/1824): "You Ain't Seen Nothing Yet"

Bachman - Turner Overdrive - You Ain't Seen Nothing Yet

Disco: Not Fragile (1974) 



14 de noviembre de 2018

Reseña de Atenas. El lejano eco de las piedras, de Mario Agudo Villanueva

Puede que el visitante que llega por primera vez a la Atenas actual en busca de la ciudad antigua sienta una cierta desilusión: la urbe moderna no anima a quienes se topan con los efectos del caótico tráfico urbano, lo desastrado de sus calles, la apatía de sus habitantes, resignados a sufrir las consecuencias de la crisis económica que ha golpeado con especial incidencia a Grecia en la última década. Cierto es que la urbe actual realizó un lavado de cara en ocasión de los Juegos Olímpicos de 2004, pero no ha terminado de maquillar una cierta sensación de desidia urbanística y de desaliño en general durante décadas. Recuerdo mis impresiones, apenas un muchacho de dieciséis años, en un viaje de fin de curso del instituto a Atenas, Delfos, Micenas y Corinto: aquella ciudad no parecía amable, no recibía a los visitantes con especial afabilidad. Para los parámetros algo ventajistas de quienes, siendo testigos de los enormes cambios urbanísticos de aquel 1992, veíamos como se «modernizaban» unas ciudades (Barcelona, Sevilla) que necesitaban mucho más que grandes obras faraónicas para albergar acontecimientos de la dimensión de unos Juegos Olímpicos y una Exposición Universal, Atenas podía parecernos «antigua», «cutre» incluso. Recuerdo aquellos anuncios de maquinillas de afeitar BIC en grandes vallas en las principales avenidas de la ciudad; se nos desaconsejaba coger el metro, oscuro y sórdido, y no ir «solos» por la ciudad. 

Canciones para el nuevo día (2603/1822): "Nothing Matters When We're Dancing"

The Magnetic Fields - Nothing Matters When We're Dancing 

Disco: 69 Love Songs (1999) 



13 de noviembre de 2018

Reseña de Teenage. La invención de la juventud, 1875-1945, de Jon Savage

Yeah, you're fucked all right and all for spite
You can kiss your sorry ass goodbye
Totally fucked, will they mess you up?
Well, you know they're gonna try

Blah blah blah blah blah blah blah blah
Blah blah blah blah blah
Blah blah blah blah blah blah blah blah

Blah blah blah blah blah

Blah blah blah blah blah blah blah blah
Blah blah blah blah blah
Blah blah blah blah blah blah blah blah
Blah blah blah blah blah

Totally fucked!

En 1891 el dramaturgo Frank Wedekind publicó el texto de su obra teatral Frühlings Erwachen (El despertar de la primavera), furibunda pieza contra el conservadurismo de una clase dirigente alemana que ahogaba a la juventud con un sistema educativo reglamentista que impedía salirse de la línea marcada. La obra, que no se estrenó hasta 1906 en Berlín de la mano de Max Reinhardt y, incidía en la opresión sexual de unos jóvenes que, sin comprensión ni apoyo de sus mayores, se veían abocados a la desesperación. Wedekind escandalizó por mostrar la sexualidad de los jóvenes y planteaba cuestiones como la masturbación, la primera vez, el abuso infantil, la homosexualidad, el aborto y el suicidio. Diversas adaptaciones se produjeron en el siglo posterior. En 2006 se estrenó en el off-Broadway (y después en el propio gran escenario neoyorquino) un musical (al que pertenece el fragmento de una de sus canciones más destacadas, “Totally Fucked“, y con el que se inicia este reseña), que acabaría cosechando ocho Premios Tony, incluido el de mejor musical. En Barcelona llegó en 2016 un montaje de la obra, a cargo de Marc Vilella, que tras un gran éxito en el pequeño Teatre Gaudí y una gira, llegó a un teatro de los “grandes“, el Victoria, en abril de 2018 (adaptación catalana de "Totally Fucked")·. Una versión del musical formó parte de la trama argumental de la serie televisiva Rise (NBC: 2018): el profesor Lou Mazzuchelli (Josh Radnor) se hace cargo del aula de teatro y decide, despertando la oposición de colegas y padres de alumnos, realizar un montaje de la obra para estimular a los estudiantes y que se “rebelaran“ contra lo establecido.

Canciones para el nuevo día (2602/1821): "Our Mutual Friend"

The Divine Comedy - Our Mutual Friend 

Disco: Absent Friends (2004) 



9 de noviembre de 2018

Crítica de cine: Millennium: lo que no te mata te hace más fuerte, de Fede Álvarez

Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.

Al inicio del cuarto episodio de la séptima temporada de la serie The Big Bang Theory (CBS: 2007-2019), Amy (Mayim Bialik) le hace ver a Sheldon (Jim Parsons) un «flagrante problema argumental» en la película En busca del arca perdida (Steven Spielberg, 1981), cosa que saca de sus casillas al peculiar científico, fan declarado del filme. Amy afirma que «Indiana Jones no desempeña ningún papel en el desarrollo de la historia: si no estuviera en la película acabaría exactamente igual (…) los nazis habrían encontrado el arca, la habrían llevado a la isla, la habrían abierto y habrían muerto todos. Habría acabado igual». Enfurruñado, Sheldon buscará posibles agujeros argumentales en Orgullo y prejuicio de Jane Austen, una de las novelas preferidas de Amy, para «fastidiar» a su novia, del mismo modo que ella le ha «fastidiado» a él. Cuando les cuenta el asunto a sus amigos, estos también quedan «fastidiados», pues la afirmación de Amy les ha «arruinado» la película. Howard (Simon Helberg) intenta contraargumentar: «Los nazis estaban excavando donde no debían, sólo consiguen el Arca porque Indy la encuentra primero», a lo que Leonard (Johnny Galecki) responde: «En realidad sólo excavaban donde no debían porque Indy tenía el medallón; sin él tendrían el medallón y habrían excavado en el sitio correcto». Más «fastidio». Hacia el final del capítulo, el grupo de amigos, incluido Raj (Kunal Nayyar), repasan atentamente la película y Howard comenta: «Espera, espera, si no fuera por Indiana Jones, el Arca nunca habría llegado al almacén»; Sheldon lo ratifica: «Es cierto, él recogió y entregó el Arca a las autoridades para que la archivasen» («¡Como un héroe!», apostilla Raj). Todos se felicitan… hasta que Leonard comenta: «Aunque en teoría Indy tenía que llevar el Arca al museo para estudiarla y ni siquiera pudo hacer eso». «Fastidio» completo y definitivo. 

Efemérides historizadas (XXXIII): 9 de noviembre de 1799 - golpe de Estado de Brumario en Francia


François Bouchot, Bonaparte y el Consejo de los Quinientos en 

Saint-Cloud el 10 de noviembre de 1799 (1940). Château de Veesalles.
Un 9 de noviembre (o 18 de brumario) de 1799 Napoleón Bonaparte dio un golpe de estado que liquidó el Directorio, forma de gobierno que supuso en la Francia del período revolucionario (1789-1799/¿1804?) una "reacción" frente a la "revolución" de la Convención (desde el 19 de septiembre de 1792) y el gobierno en poder de los jacobinos de octubre de 1793 al 27 de julio/9 de termidor de 1794 (con una primera etapa previa, la llamada Convención termidoriana desde esta última fecha al 26 de octubre de 1795 (qué de fechas, ¿eh?). El Directorio, como etapa de Gobierno en Francia, supuso un frenazo en seco a las ansias de una revolución popular que se les había ido de las manos a jacobinos y 'sans-culottes' parisinos, y abrió una etapa de corte más conservador; más "burgués", si se prefiere. Formado por cinco "directores", elegidos anualmente de manera parcial (uno diferente cada año, al estilo a como el Congreso estadounidense se renueva parcialmente cada dos años en las elecciones de "mitad de mandato" presidencial), su designación es potestad del Consejo de Ancianos que, junto al Consejo de los Quinientos sustituyeron a la Convención como poder legislativo tras la reacción termidoriana y la promulgación de la Constitución del Año III (1795).

Canciones para el nuevo día (2600/1819): "Radio Ga Ga"

Queen - Radio Ga Ga 

Disco: The Works (1984)


6 de noviembre de 2018

Crítica de cine: El árbol de la sangre, de Julio Medem

Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.

Ver El árbol de la sangre, la última película presentada por Julio Medem (n. 1958), en cierto modo supone realizar un ejercicio de retrospectiva de la obra del director donostiarra, pues en este filme se perciben varias de las constantes de su filmografía: pequeñas obsesiones como las vacas, el árbol como elemento simbólico (y telurio), bien arraigado a una tierra que respira y aporta la sangre a tres familias; la propia familia como vehículo narrativo y testimonio personal (Medem dedica la película a su madre en los créditos finales; Caótica Ana [2007] ya supuso un proyecto que el cineasta emprendió como mecanismo para superar la depresión por la muerte de su hermana); la construcción de una narración que rompe a menudo los estándares de lo que es el tiempo y el espacio; la pasión sexual como obsesión y al mismo liberación; y la literatura como terreno de construcción de historias, de evasión, de redención incluso. Y es que la pulsión literaria sobrevuela a menudo el cine de Medem, evidentísima en Lucía y el sexo (2000), una de sus mejores películas. En Vacas (1992), las sagas familiares (con varias generaciones) asumieron un papel parecido al que juegan las tres familias entrelazadas, por el amor, la sangre derramada y las verdades ocultas, en esta película que presentamos. De un modo parecido, Rebeca (Úrsula Corberó) y Marc (Álvaro Cervantes), evocan, en su historia de conocimiento personal, a Otto (Fele Martínez) y Ana (Najwa Nimri) en Los amantes del círculo polar (1998), y la invención de una nueva realidad, como hace Jota (Nancho Novo) en La ardilla roja (1993), también subyace en esta ocasión. La pasión de dos mujeres en Habitación en Roma (2010) se recoge también en esta ocasión en la historia de Amaia (Patricia López Arnaiz) y Núria (Maria Molins).

Canciones para el nuevo día (2597/1816): "Neighborhood #1 (Tunnels)"

Arcade Fire - Neighborhood #1 (Tunnels) 

Disco: Funeral (2004) 



3 de noviembre de 2018

Efemérides historizadas (XXXII): 3 de noviembre de 1534 - promulgación del Acta de Supremacía en Inglaterra

Un 3 de noviembre de 1534 el Parlamento de Inglaterra aprobó la (primera) Acta de Supremacía por la que se establecía que el rey, entonces Enrique VIII, sería "la suprema y única cabeza [Supreme Head] en la Tierra de la Iglesia en Inglaterra". De esta manera, Inglaterra rechazaba la autoridad del Papa de Roma y daba inicio a su particular Reforma anglicana. Todo comenzó, como sabemos todos, con un divorcio, o el intento, según las leyes canónicas, que intentó Enrique para poder anular su matrimonio con Catalina de Aragón y casarsae con Ana Bolena. La reina se negaba a aceptar la nulidad y con ella su sobrino, el emperador Carlos V, con quien inicialmente barajó Enrique casar a su hija María; futura reina María I Tudor, que a la postre se casaría con el hijo de Carlos, Felipe II, quien durante cuatro años, además de sus títulos hispánicos y en varios territorios europeos, fue rey consorte de Inglaterra (1554-1558)... pero esa es otar historia. El asunto del divorcio real duró varios años, acabó con la preeminencia del principal ministro de Enrique, el cardenal Wolsey, hartó al rey, al Papado, a media Europa y acabó como el rosario de la aurora. Puesto que Clemente VII se negaba sistemáticamente a conceder la nulidad y menos con la burda alegación de los abogados de Enrique de que, puesto que Catalina estuvo prometida y casada previamente con el malogrado hermano mayor de Enrique —Arturo, de quien enviudó sin haber consumado el matrimonio, se decía—, pues en realidad el matrimonio de Catalina era nulo, lo cual suponía considerar a la hija de ambos, María, ilegítrima. Todo un culebrón en la época; acerca de los pormenores del proceso de divorcio recomiendo leer la biografía de Catalina a cargo de Giles Tremlett que publicó Crítica en 2012. 

1 de noviembre de 2018

Canciones para el nuevo día (2594/1813): "Here Comes Your Man"

Pixies - Here Comes Your Man 

Disco: Doolittle (1989) 



Crítica de cine: Bohemian Rhapsody, de Bryan Singer

Desde que Brian May y Roger Taylor anunciaran en 2010 que había un proyecto para realizar una película sobre Queen, los fans de la banda británica se frotaron las manos. De la elección inicial de Sacha Baron Cohen como Freddie Mercury y de Peter Morgan como guionista, pasamos al abandono del proyecto por parte de Baron Cohen (cuyo parecido físico con Freddie era evidentísimo, pero se temía que “Borat” se acabaría comiendo al personaje) en 2013 y a una posterior marea de cambios que incluían a Ben Whishaw como el icónico líder de la banda y la designación de Dexter Fletcher como el director, cosa que finalmente no cuajó y ambos dejaron la producción en 2014. La cosa se alargaba, se rumoreó que tanto Baron Cohen como Whishaw podrían retornar al proyecto. Se encargó en 2015 a Anthony McCarten, autor de los guiones de La teoría del todo y El instante más oscuro, la escritura del guion del filme y finalmente se anunció un año después que Bryan Singer (que no necesita presentación) dirigiría el filme. Por fin las cosas parecían encarrilarse: se fichó a Rami Malek (de la serie Mr Robot) para encarnar a Freddie y paulatinamente se anunciaron los nombres del resto del elenco. Se inició el rodaje en septiembre de 2017, las primeras imágenes de Malek como Freddie en la recreación del mítico concierto Live Aid de Wembley, en julio de 1985, corrieron por las redes sociales, la cosa ya iba en serio, el estreno se anunció para este 2018. Luego vino el despido de Bryan Singer (¿qué hubo detrás? ¿Desidia, ausencias del rodaje y falta de profesionalidad? ¿Pique con Malek?), nos temimos lo peor, pero con dos tercios del rodaje ya completado, el sustituto de Singer, Dexter Fletcher, se limitó a completar lo que faltaba y a finales de enero de 2018 terminó la fase de grabación; y se mantiene a Singer en los créditos como director del filme. Y empezamos a contar las horas para que llegara este deseadísimo Bohemian Rhapsody. Por fin.

26 de octubre de 2018

Crítica de cine: La sociedad literaria y el pastel de piel de patata, de Mike Newell

Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.

Mike Newell, director de algunos exitosos filmes británicos –Cuatro bodas y un funeral (1994), sobre todo; Harry Potter y el cáliz de fuego (2005), Grandes esperanzas (2012)– y de filmes también muy resultones en Estados Unidos (La sonrisa de Mona Lisa, 2003, Donnie Brasco, 1997), entre otros, asume el reto de llevar a la gran pantalla una de esas novelas británicas que se han hecho enormemente populares en los últimos años: La Sociedad Literaria del Pastel de Piel de Patata de Guernsey de Mary Ann Shaffer y Annie Barrows, publicada en 2008 y que por nuestros lares tradujo Ediciones Salamandra. Su protagonista es Juliet Ashton (Lily James), una joven escritora que, en enero de 1946, recibe en Londres la carta de un desconocido: un habitante de la isla de Guernsey, en el Canal de la Mancha, que le escribe porque tiene en su poder un libro de Charles Lamb que en el pasado perteneció a Juliet, que dejó sus señas en una de las primeras páginas, y le pide ayuda para conseguir más libros de Lamb que podrán leer los (pocos) miembros de la curiosa sociedad que da título a la novela. Picada en su curiosidad, Juliet intercambia correspondencia con el remitente de la carta, Dawsey Adams (Michiel Huisman), que se dedica a la crianza de cerdos en la isla inglesa, y decide dar el salto al vacío y autoinvitarse a una reunión de la citada sociedad literaria, presentándose por sorpresa en Guernsey. Allí conocerá al peculiar grupo de personas que han dado vida a un club de lectura durante la ocupación alemana de la isla, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, y los secretos (y algunas tiranteces locales) relacionados con uno de sus miembros, Elizabeth (Jessica Brown Findlay), que fue deportada por los nazis al continente y de la que no se ha vuelto a saber nada más. La llegada de Juliet removerá algunas conciencias y lidiará con el dolor soterrado de los miembros de la sociedad literaria, que aún esperan que regrese Elizabeth.

Canciones para el nuevo día (2590/1809): "There She Goes"

The La's - There She Goes 

Disco: The La's (1990)