6 de febrero de 2012

Reseña de Hay luz en casa de Publio Fama, de Juan Miñana

[20-VIII-2009]



«Los informadores conocen el desarrollo de las últimas batallas, el precio del trigo en Egipto, la llegada de una flota comercial desde Oriente; comentan las nuevas de la Casa Imperial o las disposiciones del Senado, cuyas actas renuevan ¡cada día! en un mural indescifrable no sólo para la mayoría analfabeta, sino para los que no gocen de una vista de águila, pues los subrostranos no permiten que se acerque nadie a la fuente de sus informaciones». (p.10)

Últimamente se han publicado un par de novelas ambientadas en la Barcino romana: una en catalán, Barcino, de Maria Carme Roca (Edicions 62), que sigue las andanzas de un personaje histórico, el primer «barcelonés» conocido, Lucio Minicio Natal Quadronio Vero, que llegó a procónsul en época de Antonino Pío; y la otra, en castellano, es Hay luz en casa de Publio Fama (RBA), de Juan Miñana: una novela histórica que trasciende el género y que se convierte en una defensa del libre periodismo ante los embates del Gran (o Pequeño) Poder.

Nos situamos en la Colonia Julia Augusta Faventia Paterna Barcino, Barcino para abreviar, colonia de veteranos de las guerras cántabras, situada en una excelente zona de paso (la Vía Augusta). ¿La época? Miñana sitúa la trama «setenta años después de su fundación», y por referencias internas de la novela (Plinio el Viejo aún está vivo), podemos colocarla cronológicamente entre los años 60 y 70 d.C.Cneo Publio Fama –ya empezamos con los nombres mal puestos; ¿dónde se ha visto a un romano, aunque sea provincial, con dos praenomina?; pero no se lo tengamos en cuenta– es el subrostrano de la colonia: el relator, el que proporciona noticias a los habitantes de la ciudad, noticias recién llegadas por correo desde la capital, Roma. Consideremos a Fama –rumor en latín– como un «periodista», nacido en la clase humilde, huérfano, educado junto a los jóvenes de la poderosa familia local de los Faventinos (un clan con mentalidad, y en ocasiones métodos, muy de burguesía de principios del siglo XX barcelonés). En este viaje educativo, Fama hizo amistad con Silvia, la hija del patriarca local, Paulo Faventino. Silvia se casó con Junio Fabio, un ambiciosísimo primo político suyo, hijo de Rea Gelia (de un primer matrimonio), casada ahora con Pío Félix, hermano de Paulo. Las dos ramas faventinas controlan la colonia y, por ello, la llegada de un soldado veterano, Curcio Vera, trastocará un poco la situación aparentemente idílica de la colonia.


Juan Miñana

Fama actúa y piensa como un periodista, y es, además de testigo de los sucesos que se producen con la llegada de Vera a la colonia, en cierto modo protagonista de los hechos. En palabras del propio Juan Miñana, el personaje (y la novela) «es un homenaje soterrado a gente que siempre he admirado en un oficio que requiere técnica, como Kapuscinski, Vázquez Montalbán o Huertas Clavería, entre otros». Fama sufrirá en sus carnes las consecuencias de ejercer un oficio poco reconocido, mal remunerado y con escasa proyección de futuro. Pero, Fama, que aprendió a «leer, escribir, nadar…», podrá resistir los embates de una lucha para nada sorda que nos remite a un debate milenario entre información y poder.

Miñana admite que no ha pretendido escribir una novela histórica –«en este género se suelen repetir las fórmulas. Si ya has leído a autores como Gore Vidal o Marguerite Youcenar, ves que prácticamente el resto es entretenimiento puro y duro. Por eso lo que hay que buscar es dejar calado, y si puedo vengarme de la novela histórica mucho mejor»–, sino una fábula moral sobre el papel del periodista en la historia (grande o pequeña). Sin embargo, le ha salido una buenísima novela histórica: descripciones muy detalladas, una trama que engancha, una ambientación muy lograda (y muy creíble). Su recreación de la Barcino romana es satírica y ácida. Como comentaba en notas de prensa, Barcino era «una franquicia romana de 2.000 habitantes, una ciudad falsa que no tenía razón de ser. Era como un Zara de la época de la política augusta». La gracia de la novela, además de su atractiva trama, está en la descripción de personajes: no sólo Fama y los Faventinos, sino también el barbero Mácula, el médico Paterno, la bruja balear Nuna, el veterano Vera, el portero Fusco, la comadrona ahora ciega Mamia,… toda una serie de personajes «anónimos» en la gran historia romana.

La sátira, al más puro estilo de Juvenal, está presente en toda la novela. Los diálogos son frescos, aportan veracidad y credibilidad (algo que no siempre se consigue en la actual novela histórica de ambientación romana). La trama avanza poco a poco, pero no se hace pesada ni lenta. ¿Qué busca Curcio Vera quedándose en un lugar donde los patronos locales no quieren verlo? ¿Qué está sucediendo en el seno del clan Faventino? ¿Qué papel juega Publio Fama como el «periodista» local? Muchos de estos interrogantes se resuelven en la novela. Una novela que no sólo nos revela la vida cotidiana de una pequeña ciudad de provincias (entre 2.000 y 3.000 habitantes por estos años), sino que huele y transpira a historia sin pretenderlo, pues se trata de un ejercicio literario. La novela atrapa por las sensaciones que desprende, por la trama que sorprende y se mantiene viva. Miñana consigue, sin pretenderlo, una excelente novela histórica. Una novela que habla también de nuestros tiempos y de nuestros debates actuales.

En definitiva, una sorprendentemente soberbia muestra del género, que va más allá de lo que éste prescribe, y que se convierte en un ejercicio de literatura y de retrato social más que recomendable. Un consejo: no os la perdáis.

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