8 de octubre de 2019

Efemérides historizadas (XLI): 8 de octubre de 451 - comienza el Concilio de Calcedonia

Un 8 de octubre de 451 se inició el Concilio de Calcedonia, que para los mortales de hoy en día, sobre todo entre los cristianos, les sonará a chino, si es que les suena a algo. Fue el cuarto concilio ecuménico, tras los de Nicea (324), Constantinopla (381) y Éfeso (431), y trató de poner un poco de "orden" en el mejunje dogmático de la Iglesia cristiana, desde su "legalización" por Constantino... sin lograrlo. Si en Nicea, Constantino medió entre la ortodoxia católica y el arrianismo, que negaba la idea de la Santa Trinidad (Dios es uno, y no trino, y Jesús está supeditado a Dios padre), para finalmente ponerse del lado ortodoxo —y abriendo un cisma que se trasladaría a los pueblos "bárbaros" que en en el siglo siguiente se asentarían en diversas partes del Imperio (Clodoveo de los francos no se convirtió al catolicismo hasta finales del siglo V, Recaredo de los visigodos hasta 587)—, en Calcedonia las cosas siguieron igual de disputadas.
 

Canciones para el nuevo día (2837/2056): "I Saw the Light"

Todd Rundgren - I Saw the Light 

Disco: Something/Anything? (1972)


30 de septiembre de 2019

Reseña de El bestiario de las catedrales, de Mario Agudo Villanueva

A veces el título de un libro e incluso su cubierta pueden dar pie a engaño: puede parecer que versa sobre un aspecto que nos interesa o pica la curiosidad y acabar tratando aspectos no necesariamente diferentes, pero sí enfocados desde otra perspectiva. Miremos este caso: el título es sugerente, pues relaciona dos elementos que llaman la atención y para bien (bestiarios y catedrales); y el diseño de la cubierta, con esas imágenes de gárgolas y seres fabulosos que remiten a ese elemento decorativo en los canalones de desagüe de los techos de las catedrales, ¡cómo no va a resultar atractivo! Más de un lector pensará en novelas y libros sobre el tema, otro evocará alguna película o incluso aquella serie de televisión que tan buen sabor de boca le dejó (o quizá no). Pero es que este libro no trata de eso, de gárgolas y el imaginario de seres fantasmagóricos, infernales. Sí es cierto que indirectamente ambas cuestiones, catedrales (sobre todo románicas) e imágenes de animales y seres fantásticos, están presentes en este libro; pero no son el quid de la cuestión. ¿Y entonces? ¿De qué va el libro? Pues quédese el lector con el subtítulo, que en este caso viene arriba del todo en la cubierta: “Animales y seres fantásticos del mundo antiguo al medievo cristiano”; este es el auténtico quid de la cuestión y el leitmotiv de este, lo anticipamos, delicioso volumen y con el que el lector curioso no se sentirá decepcionado (o al menos no debería). 

Canciones para el nuevo día (2831/2050): "That Thing You Do!"

The Wonders - That Thing You Do! 

Disco: That Thing You Do! - soundtrack (1996)


27 de septiembre de 2019

Reseña de La ruta del conocimiento: la historia de cómo se perdieron y redescubrieron las ideas del mundo clásico, de Violet Moller

Nota: esta reseña parte de la lectura de la edición original, The Map of Knowledge. How Classical Ideal Were Lost and Found: a History in Seven Cities (Pan Macmillan, 2019). Las citas textuales se toman de esta edición original.

Suele ser un lugar común, historiográficamente ya superado, que el conocimiento científico, la producción de libros e incluso el intercambio cultural se cortocircuitó con la «caída» del Imperio Romano (de Occidente). De este modo, los siglos medievales serían «oscuros», el esplendor de la cultura clásica se apagó y la ortodoxia cristiana persiguió a los paganos y su cultura, destruyéndose cientos de obras escritas, templos, monumentos, etc.[1] En cierto modo el primer capítulo de este libro abunda sobre esta idea: tomado como referencia el año 500, se indaga en la pervivencia de las obras de tres científicos del mundo clásico: Euclides (c. 325-c.265 a.C.), matemático que escribió una obra de enorme influencia, Elementos; Claudio Ptolomeo (c.100-c.170/180), geógrafo y astrónomo, cuyo tratado astronómico, el Almagesto, recibió este nombre por parte de los árabes;[2] y Galeno (129-216), médico y cirujano, cuya extensísima obra fue epitomizada en los siglos medievales.

Canciones para el nuevo día (2830/2049): "You Never Can Tell"

Chuck Berry - You Never Can Tell

Disco: St. Louis to Liverpool (1964)


23 de septiembre de 2019

Crítica de cine. Ad Astra, de James Gray

Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.

Prácticamente no hay año, al menos desde hace un tiempo, en el que no llegue a las carteleras una película sobre el espacio; la última frontera, que decían los clásicos. Cuando empezamos a buscar más allá de nuestra madre Tierra (o seguimos haciéndolo) y nos pongamos a buscar vida inteligente o un nuevo hogar para cuando (en un futuro más o menos lejano) este planeta que moramos sea cada vez más inhabitable, el cine (y desde luego la literatura) toman cartas en el asunto. No es algo nuevo: desde siempre el hombre ha mirado a las estrellas y ha explorado desde y más allá de su imaginación. ¿Estamos solos? ¿Podemos vivir en otro planeta, otro sistema solar, otra galaxia? En muchos casos ese viaje a las estrellas no deja de ser una odisea hacia nuestro interior, a lo que nos hace humanos. El viaje puede ser tan lejano y al mismo tiempo sin movernos de donde estamos como ya se planteara en Contact (Robert Zemeckis, 1997, a partir de la novela de Carl Sagan), o puede traspasar dimensiones y agujeros negros como en Interstellar (Christopher Nolan, 2014), y en el fondo no deja de ser un viaje más subjetivo que físico. Algo parecido sucede en Ad Astra, cinta del siempre interesante James Gray –La noche es nuestra, Two Lovers, El sueño de Ellis, La ciudad perdida de Z–, que, sin dejar de lado la esencia introspectiva de su filmografía, apuesta por el género de la ciencia-ficción y los viajes espaciales para hablar de cosas muy mundanas. Como suele pasar en el género.