Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.
Suele decirse que cuando un actor o una actriz realizan un cambio físico importante es que buscan un Oscar. En 2003 Charlize Theron se llevó el Oscar a mejor actriz por su papel de la asesina en serie y ex prostituta Aileen Wuornos en la película Monster (Patty Jenkins); un papel para el que la actriz sudafricana cambió radicalmente su aspecto físico para parecerse al personaje: engordó quince kilos, se puso prótesis e incluso utilizó una dentadura falsa. El resultado fue hacerla casi irreconocible. Se “afeó”, se dijo de manera muy injusta, para ganar un Oscar, obviando los muchos matices del personaje, y lo logró. Un año antes, Nicole Kidman también cambió su aspecto para meterse en la piel de Virginia Woolf para el filme Las horas (Stephen Daldry); ganó el Oscar. Pero ese cambio físico (se oscureció el pelo y utilizó una prótesis en la nariz) no fue tan radical como el que tres lustros después ha realizado para interpretar a Erin Bell, la protagonista de Destroyer. Una mujer herida (Karyn Susama), la policía en horas bajas para quien parece ser cierto el adagio que Paul Thomas Anderson escribió en Magnolia y que dice que puede que hayamos acabado con el pasado, pero él no ha acabado con nosotros.



















