Que David Cronenberg siempre ha ido por libre no
es novedad. Quizá lo sea que su última película se haya rodado y transcurra su
trama en ese Hollywood que tanto ha despreciado (y sigue despreciando), del que
siempre se ha mantenido alejado y que habitualmente suele darle la espalda, a
nivel de industria cinematográfica (no tanto de actores). El director
canadiense no se casa con nadie, hace lo que quiere, suele realizar
coproducciones canadienses-europeas, mantiene una cierta coherencia (en cuanto
a estilo, aunque con matices) y se permite el lujo de rodar cómo y cuándo
quiere. No siempre está acertado (Cosmópolis, su anterior película, es
un fiasco y una de sus películas más incomprensibles). Queda algo lejos el
director de un cine impactante, en el que el horror era elástico y la
viscosidad de la sangre que manaban sus cintas variaba en cuanto a densidad.
Quizá por ello el espectador que se acerque a una sala de cine a ver Maps
to the Stars puede llegar a pensar que este no es el Cronenberg al que
estamos acostumbrados (¿cuál de ellos, por cierto?), que ha dejado su
coherencia en un cajón y se ha ido a rodar a Hollywood (aunque sea para
realizar una escabrosa sátira de ese mundillo cinematográfico) o que incluso se
haya pasado a un cine impersonal, fatuo o, lo peor de todo, vacío de contenido.
Y quizá sea esa una primera impresión tras visionar esta película: que no es
Cronenberg quien está detrás de la cámara, sino alguien desconocido que parece
querer ponerse en la piel de Bret Easton Ellis (a ratos tenía la sensación de
"ver" novelas como Menos que cero o, sobre todo, Glamourama).
Pero, a medida que avanza el metraje, encontramos esos elementos habituales en
la filmografía del director canadiense (la violencia, la sangre, un cierto
nihilismo ambiental y argumental, el desamparo, la posmodernidad llevada al
límite). Sea como fuere, Maps to the Stars es una película que merece
ser tenida en cuenta y reflexionada. Si ello es posible.
9 de marzo de 2015
6 de marzo de 2015
5 de marzo de 2015
4 de marzo de 2015
3 de marzo de 2015
2 de marzo de 2015
Reseña de La torre del orgullo (1890-1914): una semblanza del mundo antes de la Primera Guerra Mundial
Aprovechando que Ediciones Península reedita este libro el próximo mes de abril, recupero esta breve reseña mía, de las primeras que publiqué en Hislibris.
En 1962 la escritora estadounidense Barbara W. Tuchman publicó dos
libros: Los cañones de agosto y La torre del orgullo (1890-1914): una
semblanza del mundo antes de la Primera Guerra Mundial. El primero,
por el que recibió el Premio Pulitzer (aunque no trata un tema
estrictamente norteamericano, como es preceptivo), narra, literalmente
hablando, los primeros cuarenta días de la Primera Guerra Mundial. El
estilo de Tuchman, muy particular, fue desde entonces aclamado, por su
claridad, amenidad y ritmo, y marcó tendencia en una interesante obra
historiográfica. De hecho, las obras de Tuchman entroncan perfectamente
con una historia narrativa popular, alejada de corsés conceptuales, y
que ha conseguido muchos adeptos en todo el mundo. La segunda obra de ese año trata los apenas veinticinco
años anteriores al estallido de la Primera Guerra Mundial con ese estilo
al que ya estamos acostumbrados. No espere el lector un repaso de los
sucesos de ese período, al más puro estilo de histoire évenementielle,
porque no lo encontrará.
27 de febrero de 2015
26 de febrero de 2015
25 de febrero de 2015
24 de febrero de 2015
23 de febrero de 2015
22 de febrero de 2015
Crítica de cine: El francotirador (American Sniper), de Clint Eastwood
Cuando Chris Kyle (Bradley Cooper) sale de casa
para dirigirse a su destino final y empiezan los títulos de crédito,
acompañada de uno de los escasísimos temas musicales de la película (a
cargo de Ennio Morricone), uno se queda con una sensación extraña
plantado ante la pantalla. Extraña y sin embargo positiva, pues sucede
algo que con las anteriores y últimas cintas de Clint Eastwood (desde El intercambio en 2008, de hecho) no pasaba: que El francotirador
deja muchas sensaciones que digerir y reflexionar, y eso siempre es
algo de agradecer en una película. Quizá estemos ante una película
bipolar o, mejor dicho, bifronte, que mira en dos direcciones como el
Jano romano. Pero necesariamente no miramos al pasado y al presente
(aunque la película, en cierto modo, lo haga), como sucede con una trama
en cierto modo convencional, un biopic que nos acerca a una persona que
existió, que tuvo una vida que vivir y un recorrido vital que recorrer:
desde una infancia en la que se forjaron algunas lecciones (la
conversación con el padre en la mesa a la hora de comer, con la parábola
de "las ovejas, los lobos y los protectores de las ovejas", idea
recurrente en el fondo de esta película), pasando por una juventud y
primera adultez sin rumbo y la epifanía del servicio militar como
salvación de uno mismo, redención de la disipación y proyecto futuro.
Quizá por nuestros lares haya temas en esta película que cueste
"empatizar" (si es que se trata de eso) y quizá el título castellano de
la cinta no revele lo que el original sí hace para una audiencia que,
mayoritariamente, conectará con la trama: el público estadounidense. Y
lo hará porque la película recurre a nociones e ideas que a este lado
del Atlántico pueden parecernos chocantes por desconocidas e inusuales;
pero tengamos en cuenta la concepción militar de Estados Unidos como
nación y prácticamente desde sus inicios: la idea de que todo ciudadano,
en esencia, es un soldado y por tanto (y además de para defenderse)
puede tener armas; la voluntad de servicio voluntario en cuanto a la
participación en las guerras que Estados Unidos, desde el conflicto
civil de hace un siglo y medio, realiza en el exterior y que, a su vez,
es la defensa de lo que se ha construido en el interior; la familia
entendida como algo más que la institución nuclear en la que uno nace o
la que uno forja, sino también aquella que uno encuentra y fortalece en
amigos, compañero de armas u hombres que pueden estar bajo mando de uno
mismo. Tener en cuenta estos factores puede ayudar a entender una de las
dos miradas del Jano bifronte que ha creado Clint Eastwood con esta
película.
20 de febrero de 2015
Canciones para el nuevo día (1630/859): "What A Feeling (12'' Extended Mix)"
Irene Cara - What A Feeling (12'' Extended Mix)
Disco: Flashdance ... What A Feeling (Long Version) [1983]
19 de febrero de 2015
18 de febrero de 2015
17 de febrero de 2015
Canciones para el nuevo día (1627/856): "Call To Muster And Battle Cry Of Freedom"
John Williams ft George Frederick Roote - Call To Muster And Battle Cry Of Freedom
Disco: Lincoln - score (2012)
16 de febrero de 2015
14 de febrero de 2015
Crítica de cine: Red Army, de Gabe Polsky
A finales de los años setenta, y especialmente
durante la década de los ochenta, hubo cinco hombres que ejemplificaron
la perfección en el hockey sobre hielo. No sólo la perfección que se
traduce en el triunfo (dos oros olímpicos, varios campeonatos mundiales y
premios individuales), sino también la perfección que se visualiza en
un juego hermoso, bellamente coreografiado, técnicamente impecable.
Cinco hombres que representaron a la Unión Soviética por todo el mundo,
mientras que el régimen del interior se hundía en la ineficacia y la
imposible competencia económica ante el bloque capitalista.
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