21 de diciembre de 2012

Crítica de cine: Argo, de Ben Affleck

Que Ben Affleck ha resultado ser mejor director que actor, es algo que películas como Adiós, pequeña, adiós, The Town: ciudad de ladrones y la presente Argo han acabado por demostrar. Y que, como director, hay que seguirle la pista, es también otra certeza. Pero no poniéndole etiquetas (que si el nuevo "Clint Eastwood"...) y tampoco dorándole demasiado la pista. Con Adiós, pequeña, adiós descubrimos a un director con talento, confirmada con su siguiente película, en la que Affleck se ponía a ambos lados de la cámara. Lo mismo sucede con Argo, una película que recuerda (pero las comparaciones son odiosas) cintas ya clásicas del cine político de los años setenta como Todos los hombres del presidente o Network, o películas más recientes como Munich. Con todas ellas, y quizá con una pizca de Misión: imposible (la serie de televisión, especialmente), bebe Argo, aunque quizá a la postre no quede tan redonda. Nadie es perfecto, y Ben Affleck aún le queda trayectoria que recorrer y películas que ofrecernos. Pero mi curiosidad ya la ha azuzado.

Se podría pensar que la sombra de Alan J. Pakula sobrevuela esta película. Con matices, habría que concluir. Argo tiene mucho de thriller, bastante de película de suspense e incluso una mirada irónica sobre las relaciones entre Hollywood y los servicios de inteligencia estadounidenses (que Cortina de humo explotó mucho más a fondo). ¿De qué va la película? Pues está basada en una historia real: en noviembre de 1979 la embajada norteamericana en Teherán fue asaltada por una turba de estudiantes y revolucionarios iraníes y el Gobierno iraní, recién llegado al poder tras forzar el exilio del sha Mohammed Reza Pahlavi, retuvo a cincuenta ciudadanos estadounidenses. Pero otros seis pudieron escapar cuando se producía el asalto y se refugiaron en la residencia del embajador canadiense. Se mantuvieron escondidos más de dos meses, mientras la CIA, en connivencia con el Departamento de Estado, buscaba la manera de rescatarlos. Aquí entró en juego el agente Tony Méndez (Ben Affleck), quien, tras descartar otras posibilidades, sugirió lo que se consideró una locura: montar una película de ciencia-ficción falsa, crear un escenario previo, acudir a Teherán como parte del equipo de rodaje que busca exteriores en Irán, incluir a los seis refugiados, dar credibilidad a la pantomima y volver a casa. Y todo ello delante de las narices de la Guardia Revolucionaria iraní, de los servicios de inteligencia del país, que están desbrozando y recuperando los documentos destruidos por la legación norteamericana, y con una sociedad que se muestra visceralmente opuesta a cualquier occidental que camine por las calles de la capital persa.

La película de Affleck tiene un tono de documental que atrapa al espectador, especialmente en sus primeros veinte minutos (el asalto a la embajada estadounidense). Todo recuerda a una época, finales de los años setenta, en el que lo kitsch estaba muy presente en el imaginario y el modo de vida de los estadounidenses, de Star Wars al periodismo activo. Quizá sea en la recreación bastante fidedigna de esa época, de las mentalidades de unos (estadounidenses) y otros (iraníes), donde Affleck pone el acento, aunque en ocasiones da la sensación de que busca lo melodramático por encima de lo que directores referenciales como Pakula o Sidney Lumet hubieran preferido; la sombra de ambos directores es alargada y Affleck parece que se inspira en ellos, pero va por otros derroteros. Busca cómo mantener el suspense hasta el final... y la media hora final es muy evidente, hasta le punto de que, aunque sabes cómo acaba la historia, te metes en la piel de quienes vivieron esas peripecias y estás en un constante estado de tensión. Punto fuerte de la película, pero también lo son personajes como John Chambers (John Goodman) y Lester Siegel (Alan Arkin), los contactos de Méndez con Hollywood, quienes pusieron cara y ojos a la falsa película de ciencia-ficción y quienes crearon la tapadera que las autoridades iraníes debían tragarse para que el rescate funcionara.

El resultado es una película que está un peldaño por debajo de las dos cintas precedentes de Affleck (especialmente de Adiós, pequeña, adiós), pero que tiene la suficiente calidad para picar la curiosidad y para disfrutar como un producto más que interesante. No perderse los títulos de crédito finales, en los que se mezclan imágenes de la película con otras reales, para así comprobar hasta qué punto Affleck y su equipo se han documentado para crear su película. Y seguiremos pendiente del cine de Ben Affleck...

1 comentario:

sofia martínez dijo...

Es considerada una obra magistral para muchos, para otros tantos sólo fue entretenida pero en lo personal es un film narrado con inteligencia. La verdad es que este tipo de cintas no son de mis favoritas, decidí ver Argo por el hecho de que el tráiler me pareció atractivo, en cuanto al desarrollo creo que es una película muy amena y con un buen equilibrio en la exposición de sus emociones pero definitivamente me parece una propuesta sobrevaluada pues le falta épica, suspenso y personajes de mayor interés para ampliar su empatía. En cuanto a la banda sonora esa sí me gustó pues nos podemos deleitar con canciones de los Rolling Stones, Van Halen y Led Zeppelin.