Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.
Nos llamó especialmente la atención La casa junto al mar de Robert Guédiguian cuando se estrenó hace algo más de un año y medio. En ella ya estaban presentes muchas de las constantes del cine “político” –la política es consustancial al ser humano, un zoon politikón, un animal político como lo definiera Aristóteles hace veintitantos siglos– de Guédiguian, y que no necesariamente significa “partidista”. En cierto modo, la trayectoria del director y guionista francés es parangonable a la de Ken Loach, de quien hace pocas semanas se estrenó Sorry We Missed You, si bien en el caso del primero la denuncia social (y política) es bastante más sutil que la del británico. Si en su política anterior Gédiguian trataba la cuestión de la inmigración (ilegal) y su llegada a este “primer” mundo al insertarla en la trama de los personajes que regresaban a aquella casa en el litoral de la Provenza, en Gloria Mundi la mirada es más descarnada y pesimista.



















