Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.
A Jonah Hill (n. 1983) lo hemos visto crecer como actor: desde su debut en Extrañas coincidencias (2004), peculiarísima, película del (sobrevalorado) director David O. Russell, ha encadenado notables papeles en la comedia –Virgen a los 40 (2005), Supersalidos (2007), 21 Jump Street (2012) [estrenada en España como Infiltrados en clase] y su secuela 22 Jump Street (2014) [Infiltrados en la universidad]– con interpretaciones de altura en Moneyball (2011) y (especialmente) El lobo de Wall Street (2013), ha puesto la voz en numerosas películas de animación e incluso ha tenido alguna incursión en las series de televisión, como Maniac (Netflix: 2017). Siempre ha tenido el gusanillo de la escritura de guiones: así, parte del guion de 21 Jump Street es obra suya, por ejemplo; un filme que adaptó la serie televisiva protagonizada veinticinco años atrás por un joven Johnny Depp (la recordamos los que ya peinamos canas) y que es realmente divertido. Como todo actor con curiosidad que se precie, Hill tarde o temprano se pondría en las labores de la dirección. Lo ha hecho, encargándose del guion, además, en un filme de apariencia muy indie: En los 90.
















