Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.
Nota: este documental llega a las salas de cine como evento cinematográfico. Exhibidores como Yelmo, Grup Balañà y los Cines Verdi en Barcelona, lo emitirán los días 25 y/o 26 de marzo, vinculado a una programación cultural especial; consúltese también en FilmAffinity para saber en qué otros cines se emitirá.
Edgar Degas (1834-1917) –nacido en una familia acomodada simplificó el apellido De Gas para no dar una imagen de petimetre de clase bien– es conocido como “el pintor de las bailarinas” por su afición a retratar a las jovencitas (muy jóvenes, de hecho) que ensayaban entre bambalinas en la Ópera de París, teatro al que asistía con asiduidad. Pero su obra va más allá de los dibujos y cuadros que pintó sobre este tema recurrente. No le gustaba el plenairismo (o pintura al aire libre, de la que realizó escasas obras), a diferencia de otros artistas del impresionismo del que fue uno de los fundadores; en particular, despreciaba esta etiqueta y solía hacerlo con los ismos muy ismos. Se consideraba más bien un pintor “realista”, en la senda de Jean Dominique Ingres, al que admiraba por encima de todos, y de Eugène Delacroix, y no valoraba en demasía la obra de contemporáneos como Claude Monet o Édouard Manet, cuya amistad inicial en la década de 1860 acabó en furibundas desavenencias en los años siguientes.



















