23 de octubre de 2019

Crítica de cine: Zombieland: mata y remata, de Ruben Fleischer

Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.

Hace diez años, cuando se estrenó Bienvenidos a Zombieland (Ruben Fleischer, 2009), el universo zombi volvió a la palestra (si es que alguna vez lo había abandonado) combinando el gore –con clasificaciones para edades diversas en cada país que iban de la R (mayores de 17 años) en Estados Unidos a los mayores de 13 años en España– y el humor (negro) que pronto encandiló a la audiencia. Aún tendrían que llegar el fenómeno The Walking Dead (AMC: 2010-), series de diferente estilo como In the Flesh (BBC: 2013-2014), Z Nation (Syfy: 2014-2018), iZombie (CW: 2015-2019) o Santa Clarita Diet (Netflix: 2017-2019), entre otras, y películas resultonas como Guerra Mundial Z (Marc Forster, 2013), basada en parte en la novela homónima de Max Brooks, y sucedáneos varios como para que el género se convirtiera casi en algo demasiado recurrente.  Todo ello probablemente haya saturado al personal y la cuestión zombi se haya vuelto un tema tópico y excesivamente revisitado, ya un género que se mezcla con la serie B o crea una propia. Recordemos, incluso, que Amazon encargó en 2013 un piloto para una serie de televisión con los mismos personajes que la película de Fleischer y otros autores, pero que no funcionó como se esperaba y se canceló el proyecto. No era para menos: ¿la misma historia, pero sin aquellos actores que la hicieron atractiva? Aquello no iba a ninguna parte.

Pero había ganas de volver a revisitar aquella Zombielandia con Columbus (Jesse Heisenberg), Tallahassee (Woody Harrelson), Wichita (Ema Stone) y Little Rock (Abigail Breslin). Y una década después se reunió el mismo equipo, de nuevo con Fleischer tras la cámara y con los guionistas Rhett Reese y Paul Wernick (que, entre tanto, escribieron Deadpool y su secuela), más David Callaham. La banda ataca de nuevo, se podría decir, pero… ¿con más de lo mismo? Pues, sí, para qué nos vamos a engañar (tampoco pretenden hacerlo sus creadores). Los mismos cuatro personajes un tiempo después, juntos y separados, yendo de un lado para otro y conociendo a otros personajes, que se unirán a la troupe: la pijísima Madison (Zoey Deutch), la combativa Nevada (Rosario Dawson), la horma del zapato de Tallahassee, que incluso tendrá prácticamente un clon en Albuquerque (Luke Wilson), del mismo modo que Columbus lo tendrá en Flagstaff (Thomas Middleditch). Viajando de la Casa Blanca a un hotel-museo de Elvis Presley y finalmente a una comuna hippie (Babylon), Zombieland: mata y remata ofrece elementos ya conocidos para entretenerte con un cubo de palomitas en una sala de cine. Pero… ¿es suficiente? ç



Y es que si de algo adolece esta película es de un guion consistente, cuando más bien son los mismos personajes con cuitas bastante similares a la anterior entrega, en otros escenarios y básicamente haciendo lo mismo: cargarse zombis. Si acaso, se actualizan guiños y referencias de la cultura popular (Terminator 2, por ejemplo); se promete algo que luego no se desarrolla con más empaque (esos zombis resistentes que a la postre son igual de inútiles que los demás, incluso más); se hace mención constante de las Reglas de Columbus (que tendrá su espejo en los Mandamientos de Flagstaff); se añade una trama romanticoide (y hasta conservadora) para el binomio Columbus-Wichita, se cachondea de manera bastante facilona de hippies, vegetarianos y pacifistas, y se pasa una hora y media entretenida. Sin sorprender, pero sin aburrir, lo cual ya es su principal aliciente. Pero ya. Y se espera con interés la consabida secuencia en los créditos finales, que conviene no perderse, para volver a encontrarnos a un cameo ineludible de la anterior entrega. 



El resultado es una película de consumo rápido, sin ambición y muy complaciente consigo misma (no pretende tampoco ir más allá de lo que ofrece), que te da exactamente lo mismo que viste en la primera entrega (si acaso los personajes son más “mayores”, con algunas aspiraciones que en realidad no van demasiado lejos y sin la espontaneidad de hace diez años), y sin apenas salirse de un estilo de comedia ya muy sobado. De hecho, se promociona con la etiqueta “de los guionistas de Deadpool” y ambas películas, en realidad, acaban por ser muy similares: gags y más gags para que te rías y no te fijes en la fragilidad de un guion muy endeble. Pero, sinceramente, ¿esperabas o querrías otra cosa cuando supiste que se estrenaba este filme? Pues eso.

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