Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.
Roland Emmerich vuelve por sus fueros. Y lo hace recreando una de las batallas decisivas de la Segunda Guerra Mundial: la batalla naval de Midway (4-7 de junio de 1942), casi exactamente seis meses después del ataque japonés sobre la base estadounidense de Pearl Harbor, en las islas Hawái, el 7 de diciembre de 1941 —«una fecha que vivirá en la infamia», como definió el presidente Franklin D. Roosevelt al día siguiente en una sesión conjunta del Senado y la Cámara de Representantes— , y que supuso la entrada del gigante norteamericano en la guerra. La ofensiva nipona, de la que hubo avisos por parte de los servicios de inteligencia estadounidenses que no fueron atendidos con la necesaria atención, fue una operación casi a la desesperada para noquear a su principal rival en el océano Pacífico en vísperas de un operativo naval y terrestre para apoderarse del Sudeste Asiático y sus campos de petróleo, materia prima que el Imperio japonés no producía (importaba gran parte de los propios Estados Unidos), además de expandir su área de control directo bajo el eufemismo de la «Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental».



















