Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.
En Nightcrawler
(2014), Dan Gilroy ofreció una imagen nada esperanzadora de la
mediatización de la sociedad a través de la crónica de sucesos en unos
informativos locales, focalizando la atención en un “suministrador” de
imágenes, Louis Bloom (Jake Gyllenhaal), un parásito social que se
aprovecha de la desgracia ajena para medrar personalmente. Con su
segunda película como director, Roman J. Israel. Esq.,
Gilroy nos presenta a un personaje del todo diferente, el Roman del
título (interpretado por Denzel Washington), que constantemente añade el
“Esquire” a su nombre –un término de origen británico, a medio camino
entre el caballero y el ciudadano común, como especifica Roman en un
momento determinado del filme, y que en Estados Unidos es equivalente a
abogado–, un letrado que defiende el valor del activismo social pero
está anclado vitalmente en el pasado, y que verá como su mundo cambia
cuando su socio en el pequeño bufete legal en el que trabaja sufre un
infarto y finalmente fallece.



















