Michael Jackson - Don’t Stop 'Til You Get Enough
Disco: Off the Wall (1979)
Crítica publicada previamente en Fantasymundo. Cuando el diseñador japonés Shigetaka Kurita creó el primer emoticón de carita sonriente (emoyi, en japonés) en 1999, quizá no era consciente del universo ideogramático que se expandiría en los años posteriores en los teléfonos inteligentes y demás parafernalia tecnológica. Probablemente tampoco se habría imaginado entonces que las caritas amarillas y derivaciones posteriores que expresan sentimientos y emociones de todo tipo acabarían por ser carne de película; y una película de animación, por supuesto, el género idóneo para desarrollar una trama para todos los públicos, incluidos los más pequeños de la casa. Si hemos visto coches que hablan y tienen vidas propias en un mundo de coches (la saga Cars) o incluso ciudades modernas habitadas exclusivamente por animales (Zootrópolis, 2016), por qué no un mundo de emoticonos: Textópolis, la ciudad en la que viven los emojis a la espera de que el usuario del teléfono móvil decida escogerlos y concederles su momento de gloria, con toda probabilidad efímera, pues lo que en un minuto es novedoso, fresco y divertido pronto pasa a ser algo pasado de moda (apunten reflexión sobre la fugacidad tecnológica en los tiempos modernos). Y a grandes rasgos esa es la premisa con la que parte Emoji: la película, cinta de animación para estos días caniculares que, confiamos, pase sin mayor trascendencia por las salas de cine. |