Crítica publicada previamente en Fantasymundo.
Paco
Plaza y Jaume Balagueró le dieron una vuelta de tuerca al terror con
una aportación muy personal del falso documental en la trilogía REC
(2007, 2009 y 2012): películas que bebieron de cintas “clásicas”
y que a su vez han sido exponente de la revitalización del cine de
terror en nuestros lares. Un género tan poliédrico como irregular y
que con las sagas Paranormal
Activity y
Expediente
Warren corre
riesgo de caer en la autoparodia con cada entrega que va llegando
(bastante cansino fue el fenómeno The
Ring y sus
derivaciones). Plaza asume con Verónica
un encargo, con guion de Fernando Navarro, y lo transforma en una
película que transita por muchos lugares comunes, pero consigue
darles un toque especial, personal incluso (en entrevistas ha
declarado que hay mucho de autobiográfico en esta película). La
etiqueta “basado en hechos reales” puede ser un incentivo pero
también provocar que los espectadores huyan de las salas de cine. Es
cierto que hay reminiscencias de casos como el de Vallecas (la joven
Estefanía Gutiérrez Lázaro) o en 1992 el “poltergeist” de la
calle Embajadores, un año antes. A partir de la inspiración de
estos casos propios del programa Cuarto
Milenio de
Iker Jiménez, que dieron pie a algún que otro informe policial que
no encontraba una causa “racional” ante unos hechos
“inexplicables”, Verónica
nos traslada a unos días del mes de junio de 1991.



















