Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.
No es fácil llevar a la gran pantalla un texto con origen teatral. Los lenguajes, medios y estilos son diferentes, y no es suficiente con ponerse a declamar: de hecho, esto último chirría a las primeras de cambio. Un escenario, con su público, impone y al mismo tiempo reconforta, y por ello lo que a veces parece funcionar sobre las tablas deviene frío y “sobreactuado” en un set de rodaje. Roman Polanski sabe cómo hacerlo, ya sea llevando Un dios salvaje de Yasmina Reza al cine en 2011, o “creando” una película como La venus de las pieles (2013) a partir de un texto del dramaturgo David Ives, que a su vez se inspiraba en una novela decimonónica de Leopold von Sacher-Masoch; ya fueran cuatro o solamente dos actores, como sucedía respectivamente, el duelo interpretativo permitía lucirse a los actores y que los “espectadores” (¿de cine o de leatro?) nos lo pasáramos en grande. Más complicado es cuando el dramaturgo/director de cine/director de teatro es la misma persona y lleva un texto propio del escenario a la gran pantalla y la cosa no le funciona del todo bien: le ha pasado hace nada a Cesc Gay (adoro a Cesc Gay), que presentó su versión teatral de Sentimental (2020), basada en su obra Los vecinos de arriba, y donde uno se queda con la sensación de que se lo habría pasado mucho mejor con el original teatral, mientras que con la adaptación cinematográfica parece que todo está demasiado “teatralizado”; en cambio, el paso de un ámbito a otro le funcionó muy bien a Gay con V.O.S. (2009), por ejemplo, donde ese lenguaje escénico se incrusta con más naturalidad. [Nota: nadie como Cesc Gay crea estupendos diálogos y conversaciones en el cine español actual, y se nota que se siente cómodo con el lenguaje teatral; Sentimental, que quede claro, no es una mala película, ni de lejos: pero “suena” demasiado a teatro.]

















