Crítica publicada previamente en el portal Fantasymundo.
Una mujer conduce por una carretera (muy)
secundaria de camino a casa, a las afueras del pueblo en el que vive.
Tres vallas de anuncios permanecen vacías y como si no se hubiera
ninguno en décadas (¿quién pasa por allí para verlos a menos que se haya
perdido o sea idiota?, se comenta un par de veces). La mujer tiene una
idea, contratar las tres vallas para insertar unos anuncios durante un
año, y la pone en práctica. La sorpresa vendrá cuando los anuncios sean
tres interpelaciones directas a un caso criminal no resuelto aún y al
sheriff local encargado de la investigación: “Violada mientras moría”. “Y
todavía sin detenciones”. “¿A qué espera, jefe Willoughby?”. La mujer
que ha puesto los anuncios es Mildred (Frances McDormand), madre de la
chica violada y asesinada (quemada viva), y el caso sigue abierto siete
meses después sin que haya visos de que se pueda resolver (apenas hay un
rastro de ADN que dé pistas de las que tirar). Una “madre coraje” se ha
cansado de esperar respuestas (y justicia) y dirigirá sus dardos tanto
contra el jefe de policía de Ebbing (Missouri), Bill Willoughby (Woody
Harrelson), como respecto a la inoperancia de su cuerpo de agentes,
entre los que destaca el violento y lenguaraz Jason Dixon (Sam
Rockwell). La película es Tres anuncios en las afueras –traducción
parcial de Three Billboards Outside Ebbing, Missouri–, escrita y
dirigida por Martin McDonagh y se ha convertido (y va a serlo también
por nuestros lares) en el fenómeno en la carrera hacia los Óscars que
nos acompañará en los próximos dos meses. Y quien esto escribe lo
secunda: es una película magistral (y eso utilizo con cuentagotas este
adjetivo, pues detesto la banalización que surge de la proliferación de
“obras maestras” aparecidas cada dos por tres); de lo mejor que he visto
y con la que mejor me lo he pasado en bastante tiempo.



















