Patrick Hernández - Born to be alive
Disco: Born to be alive (1979)
Rubenstein nos ofrece un viaje a la Cruzada siguiendo el relato de
ese Apocalipsis que los cruzados (parte de ellos) buscaron en la
conquista de Jerusalén, que las primeras crónicas e historias del
acontecimiento veladamente señalaron en los aproximadamente treinta años
posteriores a la consecución de la expedición (y cuando ya sus frutos
comenzaban a estar en peligro). Una guerra santa que se percibió entre
los cruzados, los francos, de lucha contra un enemigo religioso que aún
no había sido percibido como tal, y contra el cual las atrocidades de
los asedios de Nicea, especialmente Antioquía, Maarat y Jerusalén, con
decapitaciones con un enorme mensaje simbólico e incluso con conatos de
episodios de canibalismo (en algún caso, realizado), formaban parte
dentro de una construcción mental de los Últimos Días, como reveló el
apóstol San Juan en el libro del Apocalipsis (Book of Revelation, en
inglés) y que algunos de los predicadores (Pedro el Ermitaño, Pedro
Bartolomé, “descubridor” de la Lanza Sagrada), algunos de los príncipes
(Raimundo de Saint-Gilles entre los más destacados) y muchos de los
peregrinos/soldados experimentaron y pusieron en práctica.
De este modo, pues, con una lectura apocalíptica del destino de
Jerusalén, de los Últimos Días e incluso del retorno de Jesucristo el
Salvador, la cruzada fue vista por algunos de sus participantes como
algo diferente. Un nuevo tipo de guerra, aquella que podía ser
prefigurada en el imaginario feudal, distinta del respeto de los
vencidos y en el que el infiel debía ser exterminado, del mismo modo que
Dios le exigió a Saúl que exterminara a los amalecitas. El relato de
Rubenstein nos lleva por estos senderos, sin dejar de lado el relato,
paso a paso, de la Primera Cruzada, de esas ambiciones principescas por
crear un reino propio (ya fuera en Jerusalén, como Godofredo y después
su hermano Balduino lograron, ya fuera en principados en Edesa o
Antioquía). El autor nos lleva también a observar el papel ejercido por
los bizantinos, temerosos de los ejércitos cruzados pero que supieron o
intentaron utilizarlos para recuperar territorios perdidos (algunos como
Bohemundo, el genio militar de la cruzada, no olvidaron el respeto
debido a la majestad imperial bizantina; otros, como Godofredo,
aceptaron temporalmente la necesidad de pactos con Constantinopla).
También observamos el escenario bélico, de las disputas entre francos y
sarracenos/turcos/sirios/armenios/fatimíes, siendo cada bando todo un
mundo de ambiciones, presiones y miedos.