18 de diciembre de 2016

Crítica de Operación Antropoide, de Sean Ellis

Había muchas ganas de ver esta película, que recoge el desarrollo de la operación que tenía como objetivo asesinar a Reinhard Heydrich, Protector de Bohemia, Moravia y director de la Oficina Central de Seguridad del Reich e "ingeniero" de la llamada Solución Final. Una operación orquestada por el gobierno de Checoslovaquia en el exilio londinense (y por orden directa de su presidente, Edvard Beneš) y que logró indirectamente su propósito: Heydrich, herido de gravedad en el atentado, murió en Praga unos días después a causa de una septicemia. Unos días después del atentado, y delatados por uno de los rebeldes checos, el comando que perpetró el atentado, así como algunos miembros más de la resistencia checa, se refugiaron en la iglesia de los santos Cirilo y Metodio y durante siete horas hicieron frente al ataque de cientos de soldados alemanes. Pero el final no podía tardar en llegar y los siete guerrilleros checos se suicidaron antes que caer en manos de los alemanes. Para entonces, sin embargo, una feroz represión por parte de los ocupantes alemanes había provocado el asesinato de cientos de habitantes del pueblo de Lidice. De hecho, alrededor de cinco mil checos, incluidas mujeres y niños, fueron ejecutados como represalia por parte de los ocupantes. La Operación Antropoide tuvo éxito, indirectamente, y logró el objetivo de acabar con uno de los principales jerarcas nazis, pero el precio que se pagó fue enorme. ¿Quizá demasiado? Sean Ellis a la postre no se pregunta si valía la pena pagar ese precio, pues su intención no se centra tanto en las consecuencias del atentado (que, de todos modos, se hacen patentes en el relato de alguna manera) como en narrar una historia de héroes. Y quizá el problema es que el filme acaba perdiendo la perspectiva para alcanzar un tono épico que no acaba de conseguir.

Operación Antropoide me deja con sensaciones encontradas. La película tiene un problema de guion y sobre todo de ritmo. Las dos horas de metraje se distribuyen en un prólogo, que muestra la llegada del eslovaco Jan Kubiš (Jamir Dornan) y del checo Jozef Gabčík (Cillian Murphy) a un bosque a varios kilómetros de Praga, los preparativos de la misión, el atentado, las inmediatas consecuencias y la resistencia final en la iglesia. La primera hora muestra esa llegada de los dos comandos enviados por el gobierno checoslovaco en Londres, tienen órdenes de atentar contra Heydrich, que desde que llegó al país como gobernador ha endurecido la represión contra la población local, y en cómo contactan con los grupos de resistencia en Praga para organizar un atentado que estos últimos consideran (hasta cierto punto) contraproducente. Gabčík y Kubiš, a su vez, intiman con dos mujeres cercanas al grupo rebelde, desarrollándose una subtrama que no por ser menos real resulta mejor encajada en una narración que se hace morosa en la primera hora de metraje. Morosa, sí, quizá mal planificada en el guion, pero no irrelevante. Pues entre la llegada de los dos comandos y el atentado pasaron seis meses, y la película no acaba de encontrar la manera de "dinamizar" ese período de tiempo en 45 minutos. Todo lo contrario sucede con los últimos 45 minutos del filme, tras el atentado (narrado de manera que muestra la torpeza y los imprevistos con los que lidiaron sus perpetradores): el encierro de los resistentes en la iglesia y el combate que mantuvieron con los alemanes se muestra con el dinamismo propio de una cinta bélico. Hay "nervio" en esa parte final de la película, buen pulso narrativo y un movimiento de cámaras apropiado para lo que se relata.

En cuanto a los personajes, el guion los deja más difuminados de lo que uno esperaría a priori. Sí, sabemos que están dispuestos a todo para asesinar a Heydrich y que su compromiso con la patria es total. Pero más allá de la misión, quedan indefinidos y las andanzas "amorosas" de por medio no acaban de aclarar esa indefinición. Quizá no ayuden los actores, especialmente Dornan, que no acaban de "llenar" a los personajes de recursos más complejos. Toby Jones, por ejemplo, que parece mostrarse como secundario de lujo, apenas es aprovechado como el ideólogo (más o menos) de la célula local de la resistencia checa. La lentitud impuesta en la primera hora de la película (¿es voluntaria?) tampoco es aprovechada para perfilar mejor a los actores; de hecho, se pierde tiempo, demasiado tiempo, en secuencias irrelevantes (el café nocturno). Incluso los preparativos del atentado quedan simplificados al mínimo. En cambio, la segunda hora, con el atentado, la huida del comando checo y la inmediata represión con su círculo de personas allegadas (esa familia que los acoge), tiene el ritmo adecuado para lo que se pretende narrar. Es, pues, esa irregularidad la que sorprende en un producto que se presenta como una cinta trepidante y de acción. Uno se queda con la sensación de que si pasáramos del prólogo inicial al atentado y sus consecuencias la película sería mucho más redonda.

Al final, y como sucede también con Rogue One, una parte acaba salvando el todo; o quizá acabemos disculpando la irregularidad global por una eficacia y un trepidante ritmo que logra que nos olvidemos momentáneamente de los defectos de la película. Queda también la duda de si el director (además de guionista y director de fotografía) ha perdido la perspectiva del bosque al centrarse exclusivamente en unos árboles concretos. Porque su historia de heroísmo parece olvidar que no sólo siete hombres murieron en aquella iglesia, y que la brutal represión de los ocupantes alemanes quizá hubiera necesitado de algo más que unas líneas antes de los créditos finales.

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