9 de septiembre de 2016

Efemérides historizadas (XIII): 9 de septiembre de 9 de nuestra era - desastre romano en el bosque de Teutoburgo

En torno a un 9 de septiembre de 9 d.C –las fechas no son seguras, barajándose entre el 8 y el 11– tuvo lugar uno de esos sucesos ominosos que Roma siempre guardó con pesar en los Fasti: la batalla (o masacre) en el bosque de Teutoburgosaltus Teutoburgensis– en la que tres legiones (XVII, XVIII y XIX), con sus auxiliares (alrededor de 20.000 hombres en total) fueron aniquilada por una coalición de pueblos germánicos, con los queruscos al frente. Un líder germano, el querusco Arminio, que había colaborado con Roma en la revuelta de Panonia e incluso gozaba de la condición de ‘eques’ y, por tanto, de la ciudadanía romana, fue quien llevó a las tropas romanas, comandadas por el legado de la provincia de Germania, Publio Quintilio Varo, a través del bosque de Teutoburgo (en el borde septentrional de la colina Kalkriese y unas millas al norte de la actual Osnabrück), a una trampa que sería mortal y dejaría una huella que Roma nunca podría cerrar. Todo comenzó con la conquista romana de la Galia, en tiempos de Gayo Julio César (58-51 a.C.), cuando se produjeron los primeros contactos serios con los germanos de más allá del Rin y hasta el Elba, en la confluencia con los ríos Lippe y Weser. César no estableció un dominio en la zona, pero hubo contactos comerciales y militares que prefigurarían la idea de un control romano sobre la zona.

Tras las guerras civiles y ante la inestabilidad de la frontera romana al norte de Italia, el Rin y la zona de los Alpes, Augusto y Agripa iniciaron una serie de campañas en la Germania “a este lado del Rin” desde el año 16 a.C. Fue el inicio de dos décadas de guerras contra los germanos del bajo Rin y contra los marcomanos de Maroboduo (o Marbod), el líder germano más fuerte de la zona. Las campañas de Druso y Tiberio, sucediendo a Agripa, consolidaron una primera frontera entre los ríos Rin y Danubio, dando paso también a la consolidación de Iliria y la creación de las provincias de Retia, Nórica Panonia y Moesia, y la creación de una provincia Germania Magna, a un lado y otro del Rin, y cuyos límites septentrionales pudieron llegar (con muchos matices) al Elba. Parecía que Roma había alcanzado unas fronteras estables en el norte y el inicio, como en la Galia desde César, de un proceso de “romanización” de la zona. ¿Soberbia de Augusto y sus colaboradores o realismo y pragmatismo defensivo? Sea como fuere, las campañas entre los años 16 a.C. y 6 d.C., daban la sensación, en la propaganda romana de la época, de haber conquistado un mundo nuevo. El estallido de la rebelión de los pueblos panonios en el año 7d.C., asfixiados por los impuestos y tributos, fue la señal de que, con todo, el nuevo mundo conquistado era inestable.

Con la aparente “pacificación” de Germania Magna  (6 d.C.) y el estallido de la rebelión panonia, adonde fue enviado Tiberio César para sofocarla (y le costó tres años poder hacerlo), Augusto designó a Varo como nuevo legado en la zona: antiguo cónsul (13 a.C.), gobernador de África (7-6 a.C.) y legado en Siria (6-3 a.C.), valorando sus capacidades como gestor y confiando en una institucionalización de la provincia y en la recaudación de impuestos. Varo no debió de ser el incompetente prepotente que retratara su coetáneo Veleyo Patérculo (Historia romana, II, 117-120) ni el sobrecogido comandante militar que se percibe en Dión Casio (Historia romana, LVI, 18-24), las dos fuentes principales, junto a Floro, del desastre militar. Dión Casio escribe con dos siglos de distancia y su relato, impreciso en ocasiones, depende de fuentes perdidas (y difiere también de Floro), mientras que Veleyo escribe un relato que trata de cargar las culpas en la imprudencia de Varo para descargar a Augusto (y Tiberio, su héroe) de la responsabilidad del desastre. Sacando a sus tres legiones de los campamentos al final de la temporada veraniega, Varo recibió noticias de una revuelta en el interior  de la provincia. Arminio llevó a los romanos a la emboscada que se preparaba en el bosque de Teutoburgo, para desaparecer posteriormente. En un terreno desconocido y estrecho, en el que el orden de formación se vería alterado por la topografía forestal, Varo no fue capaz de contrarrestar el primer ataque de los germanos: agazapados entre los espesos árboles, atacaron a los romanos con una lluvia de lanzas, rompiendo su formación. Todo sucedió con demasiada rapidez como para que un sobrepasado Varo pudiera reaccionar: tras el primer ataque germano, los romanos no pudieron sobreponerse, aterrorizados por los gritos e imposibilitados para formar adecuadamente en un terreno tan estrecho; encajonados y hostigados, apenas pudieron defenderse de los asaltos del enemigo, que usó la movilidad que le ofrecía un armamento más ligero, para atacar desde diversos frentes y provocar el caos. Al cabo de unas pocas horas de combate, Varo y su staff fueron conscientes de la magnitud del desastre, y se suicidaron; los soldados perdieron la poca moral que les quedaba y trataron de huir por los desfiladeros, pero la suerte estaba echada. Prácticamente las tres legiones fueron destruidas entre la emboscada y la escasa resistencia que trataron de imponer al día siguiente: entre 15 y 18.000 muertos, más unos cuantos cientos más que serían sacrificados en los rituales religiosos germanos de los días posteriores; las bajas germanas no superarían los 500 muertos y no más de 1.500 heridos sobre un total de 18.000 atacantes (una estimación). Pocos soldados romanos pudieron sobrevivir y regresar a la otra orilla del Elba; Casio Querea, futuro asesino de Calígula, sería prácticamente el único oficial que consiguió llevar a unos pocos soldados al otro lado del Rin.

La primera consecuencia del desastre romano fue la pérdida de toda la provincia Germania Magna al este del Rin; las aldeas, fuertes (el ubicado en Haltern, por ejemplo, y cuyos restos arqueológicos han podido ser estudiados) e incluso ciudades creadas por Roma en esa zona fueron destruidas y los romanos establecidos en la zona (comerciantes sobre todo) desaparecieron. La primera reacción en Roma fue el shock y el miedo (“¡Varo, devuélveme mis legiones!”, clamaría Augusto según Suetonio): el terror a que se repitieran las invasiones de germanos que causaron la debacle en Arausio (105 a.C.). Pero los germanos de Arminio no asaltaron los campamentos romanos en el Rin ni se barajó una invasión de la Galia que pudiera llegar a Italia. En los tres años siguientes Tiberio inició una serie de campañas de castigo al otro lado del Rin, pero no parece que la intención fuera reconstruir la provincia perdida: el Rin fue la frontera permamente, la Germania “a este lado del Rin” se dividiría varias décadas después en dos provincias (Inferior y Superior, con capitales en Colonia Claudia Ara Agrippinensis [la moderna Colonia] y Mogontiacum [actual Maguncia], respectivamente) y Augusto y Tiberio asumieron la idea de que no habría una expansión más allá de este río. Esa fue, en esencia, la gran consecuencia de Teutoburgo: el fin de la conquista romana en Germania o el proyecto de establecer la frontera en el río Elba. Roma aprendió una lección que nunca olvidaría, y aunque en la zona de Danubio hubiera campañas en el siglo II d.C. (las guerras marcomanas) que llegaron a perfilar unas fantasmales provincias de Marcomania y Sarmacia en época de Marco Aurelio (simples proyectos), se llegó a la conclusión de que la defensa del imperio requería de fronteras estables en la línea Ron-Danubio. Germánico, sobrino de Tiberio, desarrollaría una serie de campañas en los años 15-17 d.C. para recuperar las águilas de las tres legiones destruidas (se encontraron dos); se cruzó el río  Weser, hubo una batalla con resultados no decisivos y se planteó un desembarco en la costa báltica, pero que Tiberio, prudentemente, canceló. Tácito recoge la llegada de los romanos al lugar del desastre (Anales, II, 60-63) en el año 15 d.C., y cómo Germánico ordenó enterrar los huesos de los soldados que había caído y estaban desparramados aún por el bosque. Pero las tres legiones no fueron reconstituidas y los números XVII, XVIII y XIX pasarían a estar malditos en el numeral de los ejércitos romanos de época imperial.

Lectura recomendada: The Battle That Stopped Rome: Emperor Augustus, Arminius, and the Slaughter of the Legions in the Teutoburg Forest, de Peter S. Wells (W.W. Norton & Company), un ameno libro en el que se disecciona la batalla, desde la crítica textual y el análisis de los restos arqueológicos, así como sus antecedentes y consecuencias.

La batalla en el videojuego Total War Rome II (2013).

1 comentario:

GUSTAV FILMS dijo...

La conquista de Germania no valía la pena, porque los germanos no vivían en ciudades como los galos y lo peor del asunto, es que los romanos no podían derrotarlos en batallas frontales como en el pasado. Generándose una guerra de desgaste.