10 de febrero de 2014

Crítica de cine: Weekend, de Andrew Haigh

El reciente estreno de Looking, una serie de HBO sobre tres amigos homosexuales (y sus cuitas y problemas cotidianos) que viven en San Francisco, me ha recordado la necesidad de ver una película que en su momento se me escapó de las carteleras de cine. Se trata de Weekend (2011), escrita, dirigida y montada por Andrew Haigh… que también está tras la producción de la serie de HBO. De hecho, hay un estilo similar, en cuanto a la fotografía y el acercamiento a los personajes, en ambos productos, aunque también numerosas diferencias: la serie sitúa a los personajes en el meollo de la comunidad gay de San Francisco, en una ciudad turística y tolerante, con personajes que viven su sexualidad con abierta normalidad y por tanto encuentran más facilidades para poder expresarse como tales… lo cual da pie también a incidir en algunos clichés; por su parte, la película de Haigh se ubica en Nottingham, una ciudad no tan cosmopolita como el Londres multicultural y en un mundo no tan empático con los homosexuales como suelen serlo las grandes capitales que atraen a turistas gays con alta capacidad adquisitiva. El matiz es importante, pues en este siglo XXI el tema de la aceptación de la libertad sexual de las personas no está tan extendido como habitualmente, y dentro de nuestra mentalidad moderna, suele entenderse.

Rusell (Tom Cullen) se baña y viste en su casa para acudir a la fiesta de unos amigos. Su apartamento, en el 14º piso de un enorme edificio, es tan desastrado en algunos aspectos como aparentemente anodina parece ser su vida. Tras pasar un rato en casa de sus amigos, Russell acude a un club gay, buscando un encuentro y pasar un buen rato. Conoce a Glen (Chris New), aunque éste inicialmente no se había fijado en él; pero Russell sí. La siguiente secuencia nos presenta ya a los dos personajes en casa de Russell, habiendo pasado la noche juntos, y nos situamos como espectadores en conocer de lleno a ambos personajes. Glen, que trabaja en un proyecto artístico, graba a Russell, pidiéndole que le cuente sus sensaciones, emociones y sentimientos ante el hecho de conocerle (un extraño), llevarlo a su casa, practicar sexo y pasar la noche juntos. Russell se siente algo cohibido. Más allá de su timidez lo que descubrimos es que, aparentemente, ha salido del armario a medias, que se crio como un niño y adolescente huérfano, sin unos padres a los que contar sus sentimientos. Glen, por su parte, parece un espíritu libre, refractario al compromiso y a una relación estable en pareja. Ambos se separan esa mañana de sábado, Russell para ir a trabajar, Glen no sabemos dónde. Russell es socorrista en una piscina, pero su trabajo no le llena. Su vida parece estancada: sus pocos amigos conocen su condición sexual, pero él no se atreve a expresarla públicamente, a diferencia de un Glen que, en una secuencia posterior, “dialoga” con dos clientes en un pub que se muestran molestos por el hecho de ser tan explícitamente gay en sus conversaciones y por la espontaneidad de su comportamiento. La relación de Russell y Glen en ese fin de semana se basa en el encuentro y la separación momentánea, en abrirse poco a poco el corazón el uno al otro: Russell y su reservas, Glen y su renuencia a desear una relación estable; Russell y su sensación de soledad, Glen y el recuerdo de una relación que acabó trágicamente (y de ahí sus reticencias). Russell y el miedo al qué dirán en una ciudad que ve con suspicacia a dos hombres besándose en público; Glen y su necesidad casi imperativa de romper barreras y jugar a la provocación. Un fin de semana que se supone que no tendrá continuidad, pues Glen se marcha el domingo por la tarde a Estados Unidos y durante lo que se prevé que será mucho tiempo.


Durante un fin de semana, los dos personajes se atraen y se buscan, se encuentran y se distancian, se apasionan y se acurrucan. Haigh nos muestra una relación con sus diversas etapas –la seducción, el deseo, el encuentro, la pasión sexual, el contacto debajo de unas sábanas, la discrepancia, el choque de dos percepciones sobre la realidad de ser un homosexual en un mundo que los recibe con suspicacia– y nos permite conocer a unos personajes que de una manera u otra buscan el amor y el cercano contacto del calor humano. El tono de la película en ocasiones nos acerca al documental, con planos en silencio y actitudes cotidianas. La fotografía es apagada, sucia incluso en los colores y en una textura que busca reflejar la realidad en su más variada normalidad. Hay un acercamiento al cuerpo a cuerpo, a los primeros planos de dos hombres que se tocan constantemente y necesitan estar cerca el uno del otro. El realismo de las situaciones que viven los personajes, desde las bromas de desconocidos sobre homosexuales, la cultura gay soterrada, las conversaciones con diversos matices o la naturalidad con la que Russell y Glen follan y hacen el amor (no es lo mismo), está bien plasmado, pretendiendo Haigh mostrar las múltiples caras de la cotidianeidad, sin necesidad de destacar que la vida de estos dos personajes es diferente de las del resto de la humanidad. Sus sentimientos, deseos, miedos y esperanzas son tan diversos y comunes como los de cualquier persona. No hay tópicos en los que reincidir, a menos que la búsqueda del amor y de un lugar en este mundo lo sea. Haigh no pretende impactar sino documentar y mostrar de modo natural lo que es un fin de semana de dos personas que se encuentran, se separan y se necesitan. No hay necesidad de un happy end, como tampoco de resultar sensacionalista o incluso romanticón. La vida seguirá para Russell y Glen, pero ya no será la misma, pues no puedes entrar en el mismo río dos veces. Para bien o para mal quedará el recuerdo de unos días, las emociones y las palabras, lo que se dijo y lo que uno se guardó.

Una película muy recomendable que nos permite conocer una historia sencilla pero llena de las complejidades inherentes al ser humano.

1 comentario:

sofia martínez dijo...

Está muy linda la historia, no hay duda que el director de esta cinta, Andrew Haigh es sinónimo de calidad y de temáticas polémicas como los es la homosexualidad, aunque de pronto me parece que las aborda desde el punto un poco superficial. Lo que reconozco es que sus propuestas son muy entretenidas.