27 de enero de 2013

Crítica de cine: Django desencadenado, de Quentin Tarantino

Pues ayer tarde-noche pude ver finalmente esta película. No pudiendo verla en V.O. (lo merecía), sin embargo el doblaje no estuvo del todo desatinado (hacía hincapié en el slang negro, aunque para el espectador español se reduzca simplemente a "hablar mal", comiéndose letras y palabras). ¿Mis sensaciones generales? Por un lado, Quentin Tarantino es el rey del pulp, ya sea en el género noir o en su adorado homenaje al spaghetti western, y domina a la perfección los resortes de una cultura popular (en el más amplio significado de la expresión), lleno de (auto)referencias y de un imaginario personal curtido precisamente en el cine de serie B; por otro, aunque como guionista es de lo mejorcito que hay dentro y fuera de Hollywood, como director es incapaz de hacer una película de dos horas, que es lo que debería haber sido este Django desencadenado. Y ojo, que las dos horas y cuarenta y cinco minutos se me pasaron volando... pero la película adolece de un ritmo desigual, especialmente en el tramo final. Sin su habitual Sally Menken ("Hi Sally!") en las labores de edición, fallecida hace dos años y medio, Tarantino parece haber renunciado a la contención (y no me refiero a la violencia) formal en una película. La historia que se nos cuenta, poderosa y atractiva sobre el papel, atrapa desde el principio, con su estructura en varios actos y una coda final; pero a la hora de rematar la cinta, Tarantino da la sensación de que no ha sabido como hacerlo. Sin ánimo de destripar la trama a quien no la haya visto, hay un primer final de la película y casi un reinicio de la misma, para darnos una media hora extra que acaba con una espectacular traca definitiva. En ese sentido, Django copia descaradamente el estilo formal de Malditos bastardos (aunque no la estructura episódica habitual en Tarantino). Incluso me quedó la sensación de que, al mismo tiempo que reescribía la Historia en su anterior película, el viejo Quentin ha querido hacer algo parecido con la esclavitud. Pero vayamos por partes. 

¿Lo mejor? Personajes como el negrero sureño Calvin Candie (Leonardo DiCaprio) o el negro traidor-a-su-clase Steven (Samuel L. Jackson), y eso a nivel de personajes. Por supuesto, Christoph Waltz está espectacular en su papel del doctor King Schultz... pero eso ya lo esperábamos, que su personaje fuera atractivo. Pero son los malvados los que se llevan el gato al agua (Django acaba quedando algo simplista), especialmente el personaje de DiCaprio, repulsivo pero coherente consigo mismo. A destacar secuencias como la banda de pre-Ku Klux Klan o detallitos deliciosamente anacrónicos: ese busto de Nefertiti en el Club Cleopatra (faltaban cincuenta años para que se encontrase el original), esas gafas negras y prácticamente todo el vestuario de Django, el uso de la dinamita (para esas fechas aún no estaba patentada),... aportando un cierto aire kitsch a un guión que funciona prácticamente solo (como suelen hacerlo los textos tarantinianos). Cómo no destacar, aunque cada vez sorprenda menos, esas pequeñas historietas (prácticamente piezas independientes) que entre secuencia y secuencia de acción Tarantino se saca de la chistera: la historia de Broom-hilda/Brunhilda y la asimilación de Django como un peculiar Sigfrido negro; conversaciones como las del doctor Schultz con el marshall en aquel pueblucho del inicio; el encuentro de los dos Djangos; la anécdota que le cuenta Schultz a Candie acerca de Alexandre Dumas; etc. Por lo demás, nos queda el habitual estilo de brocha gorda con las secuencias violentas (que cada vez sorprenden menos); eso sí, magníficamente coreografiadas.

¿Qué no me ha convencido? El tramo final, alargado en exceso, ya un mero divertimento, pero que da la sensación de haber sido añadido sin haberse meditado demasiado. Django debía triunfar, cómo no, pero ¿a lo Malditos bastardos? Lo que en la anterior película era coherente con todo lo que previamente se había mostrado, aquí me rechina; me divierte, pero me deja frío si veo la película como un todo. Mucho mejor, pues, el inicio, la primera media hora del filme, que precisamente esa media hora final. Por ello no me resulta una película redonda, sino descompensada; sin duda el tramo en Candieland es el mejor, tanto a nivel de guión como de estructura narrativa, personajes o situaciones. Al final, ver a Broomhilda palmotear como una colegiala adolescente ante un espectáculo pirotécnico deja una sensación de que se nos ha escamoteado otro final, más acorde con el tono de denuncia de la esclavitud (diga lo que diga Spike Lee), y que Tarantino no ha podido evitar la tentación de ser efectista e incluso simplón.

Aún así, peliculón donde los haya. Pero, Quentin, recuerda quea veces más es menos y no siempre mejor...

1 comentario:

Pía Martínez dijo...

Estoy de acuerdo con que los personajes fue de lo mejor pero en general no me convenció esta historia. El reparto es de los elementos más representativos de esta película, siendo Leonardo DiCaprio, Kerry Washington mis favoritos. Respecto a la historia la verdad es que es muy poco original, con la clásica figura del cazarrecompensas movido por el dinero, la justicia “sui generis”, y un relato de emparejamiento “buddy movie” y venganza adornada con flashbacks y escenarios que remiten tanto a los paisajes almerienses de Eastwood. Narrativamente se alarga sin medida contando una historia sobre esclavitud y racismo en el sur de los Estados Unidos, empleando violencia gratuita suavizada por la comicidad y el desenfadado con rasgos de humor negro, maniqueísmo, caricatura. Le falta énfasis en el tono paródico e inventiva.